Somos pasajeros…

pasajeros que jamás se detienen.

Voy dando un paseo acompañada de Matt Simons sonando en mis oídos la canción Catch & Release me gusta lo que él dice en la canción —hay un lugar al que voy donde nadie me conoce, no es solitario, es algo necesario, es un lugar que invente para buscar de qué estoy hecho—. Mi vista se pierde entre las hojas que caen de los árboles, veo como lentamente el verde va dando paso a los ocres, los rojos, amarillos y naranjas. Aunque el cielo se viste hoy de gris y el día es frío. Bastantes personas circulan por las calles y es que el día me hace vivir cada paso que doy, el olor de las calles es adulzado, siempre me preguntaba ¿por qué el olor de esta ciudad es dulce? Este fenómeno se debe a las empresas cerveceras que radican aquí ¡las cuales nos hacen sentir sed y hambre cada vez que pisamos la calle! Como siempre digo —piso magia y respiro amor—.

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somos pasajeros.

Esta pequeña ciudad alemana llamada Bamberg es una ciudad preciosa. Yo le llamo la pequeña Venecia ya que en las orillas del río Regnitz, se alinean preciosos edificios del siglo XIX junto a un entramado de casas de madera con unos agraciados balcones que los acompaña sus mesitas y sillas, pequeños jardines con una pequeña barquita a la puerta. La verdad es que es un sitio encantador, el cual sus residentes les gusta comparar con Roma debido a las siete colinas que la protegen, es una de las ciudades más conocidas por su popular cerveza ahumada Schlenkelar “los Alemanes la llaman Rauchbier” y no puedo dejar de mencionar el color verde que cubre la ciudad, el cual enamora a más de un visitante.

Lo que más me encanta es pasearme por las tranquilas calles de Bamberg, ello me hace soñar demasiado e incluso puedo meditar sobre mi vida, forma en que se disipa mi mente y llega a mi la tranquilidad.

Hoy solo tengo algo en lo que pensar, en las personas que vienen y van en nuestras vidas. Os preguntaréis ¿por qué? Puesto que en tan solo unas semanas he conocido algunas personas bastante fantásticas, las cuales me hacían reír cada día, logrando que me sintiese demasiado bien, ahora ya no tiene ningún sentido que los recuerde uno por uno, porque están todos viviendo nuevamente sus verdaderas vidas en su país natal. Me dejaron demasiadas sensaciones que no se describir, esto es lo que deja cada ser que habita en nuestras vidas por una etapa determinada, y posteriormente llega el momento en que tienen que darnos un más largo “adiós” de lo que implican esas mismas tres vocales y dos letras, para quedarnos con un par de lagrimas, unos cuantos recuerdos, algunas raras sensaciones y serios vacíos.

A lo largo de mi vida he sabido relacionarme perfectamente con personas de diferentes nacionalidades, cada uno de ellos forja una enseñanza en nosotros a la vez que nos dejan esos huecos que en un primer instante no sabemos como rellenar, sin más, aprendemos a vivir con ello, aprendemos a avanzar con sonrisas de oreja a oreja valorando cada esencia que dichos individuos dejan en nosotros.

Lo triste viene cuando cumples cierta edad y llega el momento en el que ahora me encuentro, puedo decir —¿triste? ¿enfadada? Un poco de ambas cosas siento dentro de mi, ya que te cansas de las despedidas—. Pensar que somos pasajeros es el mejor ejemplo que puedo poner, porque no la pasamos viajando de un punto a otro, entramos en las vidas de personas desconocidas y aquellas personas entran en la nuestra, vivimos emociones o desilusiones, saltamos de alegría al lado de esas personas, escuchamos sus problemas igual que ellas a nosotros, corremos juntos si nos coge la tarde para llegar a una cita, disfrutamos de un agradable café calentito, dulce y amargo a la vez lo cual hace que nuestro paladar este tan a gusto, que nos dan unas ganas inmensas de no terminar nunca aquella platica, mientras el tiempo nos regala aquellos agradables momentos, pero a las vez esta en contra nuestra.

El reto llega cuando debemos despedirnos “un hasta luego” o “un Adiós de por vida” ¿por qué este momento es el que más nos duele? Sera porque sentimos que no regresarán esos abrazos que nos apretujan hasta dejarnos sin respiración, las sonrisas, quedadas hasta tarde de la noche… será porque sentimos que la persona a la cual le debemos decir Adiós se nos escapa de las manos, empezando a sentir dolor en nuestro pecho, dificultad para respirar, sudor en nuestras manos o hasta nuestro cuerpo temblar.

Llamo a las personas pasajeros porque ello es todo lo que somos “pasajeros” que subimos a aun tren, con el fin de llegar a la siguiente estación, sin saber que personas nos aguardan, sin saber a que experiencias y sentimientos nos enfrentaremos a lo largo de nuestra nueva parada.

Nos bajamos en una estación y aguardamos por algún motivo en ella. Quizás para ver a aquella persona que nos va a intimidar los días, desubicando cada palpito de nuestros corazones a la vez que le dan un giro a nuestras vidas. Como cambiaremos nosotros igual sus días, sonrisas o miradas que nos matan a poquito… Conocemos aquellas personas con el pasar de los meses, pero ellas igual a nosotros, luego tenemos que decir adiós… un adiós que nos tortura por dentro, porque no es fácil saber que cada persona nos da una enseñanza de vida, para luego dejar ese espacio, que no ocupara mas que el olvido. Todo se trata de una despedida, que no sabremos como continuara… si que existen aquellas personas, con las cuales mantienes el contacto, pero suele durar solo copos días, y termina siendo algo como —cada vez sabremos menos el uno del otro—

Este es el circulo de las amistades, algunas se quedan para siempre, aunque tengan que partir por distintos motivos; otras se van para no regresar, ya sea porque las conocemos en verano lo cual hace que compartamos cada día como si fuese el último al saber que deben partir entrada la primavera; algunas nos abandonan por culpa de una enfermedad, un accidente, etc. pero luchamos para disfrutar de ellas hasta el más ultimo suspiro. Nunca sabemos como sera el final de toda esta magia vivida, ya que nadie nos lo ha contado, ni somos magos para saberlo. Es como cuando leo un libro, en momentos quisiera empezar por el final, así luego me duele menos, pero me pongo a pensar ¿estaría bien de verdad saber primero el final? Creo que en realidad no tendría ningún sentido, ya que luego la historia pierde la esencia, al igual que si supiéramos el final de cada relación, amistad. Nada tendría sentido puesto que no jugaríamos un importante papel en nuestras vidas.

https://lamenteesmaravillosa.com/wp-content/uploads/2016/06/Vi%CC%81a-del-tren.jpg

Publicado por Mónica Ramírez

Soy una persona, que da crédito donde el crédito es merecido. Un alma soñadora a la que le encanta reflejar lo vivido, y para así poder transportaros a aquellos sitios.

5 comentarios sobre “Somos pasajeros…

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