la vida no tenía sentido

Un aborto

Las huellas de mis pies gélidos se plasmaron en la tierra en cuanto alcé rumbo para correr, era como si cada pisada que daba produjese una leve bruma a la vez que alzaba mis pies para regresarme en el camino. No tenía tiempo para mirar atrás. Levanto mis alas para volar intentando luchar con cuanto huracán me golpea… yo caigo, me lastimo, pero de nuevo me levanto, aunque tenga mi piel herida, mis alas rotas y mi fuerza desbastada. Busco un refugio para meterme en el que pueda curarme, en el que mis llantos no se escuchen a través de las paredes. Quiero ser fuerte, son solo heridas causadas por las tormentas y sé que poco a poco sanarán, nadie me escuchará, nadie sabrá que he combatido bajo la oscuridad, un día todo pasará. Necesito poder con cuanto obstáculo se me cruce por el camino.

Seguía pensando que podía con todo, pero fue cuando en milésimas de segundos todo cambió, pensé ¡aquí acabará todo!. Siendo el final, nada se podía evitar…

ahí estabas, no podía comprender aquello sobre tí, solo podía llorar y pensar que aquello no tendría perdón.

las estacas en mi cuerpo dolían, pero no tanto como la que atravesó mi corazón y el centro de mi vientre. “ambas dolían, ambas me arrebataban el alma y la vida”, pero aquella que atravesó mi vientre me concedió una nueva luz, dejando mi mirada perdida. Cuando miré mis piernas, no quedaba más que convertir mi mundo en un océano de lágrimas. “La vida nos presta toda cuanta felicidad tenemos y en cuestión de segundos es capaz de arrebatarnos lo más importante”…

¡Sola! ¡perdida en llanto! abandonada por aquella persona que consideraba mi gran amiga y deseándole a mi ex amor de todo corazón que nunca me olvidase, le deseé felicidad plena con aquella mujer que encontró. También lo seré… seré feliz, y tal vez nunca te olvide.

Llegó ese momento de mi vida en que necesitaba, que me abrieran puertas, pero fue ahí cuando encontré que todos me dieron con la puerta en la cara, necesitaba calor y abrigo; recibí frío y abandono. No sabía quien era.

En un año y fecha cuyos datos prefiero no precisar; en un lugar donde la distancia y los recuerdos aún pesan en el alma; salía de mi trabajo casi al filo de un desmayo, al subir al coche de mi padre, lo primero que pude imaginar fue que podría ser del fasting, al que me había sometido a mí misma tras romper con mi pareja. Él llevaba engañándome desde hacía dos meses, me di cuenta por medio del móvil de su hermana, dado que ella se lo prestaba con el fin de que él pudiese hablar con su amante, y mientras su hermana me seguía hablando como si fuese la mejor cuñada del mundo. Ella hundía cada día más las estacas en mi espalda con su hipocresía creyendo que yo era sorda y ciega. Pero tal y como la vida te pone obstáculos, también te quita del camino a quienes no necesitas.

Cuando me enteré de todo quise reclamarle a mi pareja. En cuanto mis labios se separaron para sacar de mi boca cuanta cosa llevaba en mi pecho para exigir una explicación, preguntándole en qué había fallado como para merecer tal traición. Éste sólo respondió con un estrujón que me mandó contra el cristal del armario haciendo que este se rompiera en pedazos y rápidamente cogió sus cosas y se fue de casa tan rápido como si hubiese robado un banco. Por ésta razón supuse que mi mareo se debía a todos mis problemas los cuales me comían la cabeza mañana, tarde y noche quitándome el apetito de todo, por supuesto era imposible estar embarazada ya que yo planificaba con inyección, así que descarte aquella opción

cuando me enteré el mundo se me vino encima y se rompió en mil pedazos sobre mis pies. “Estaba embarazada” Todo aquello por lo que había luchado había quedado en pequeños escombros. Una mujer engañada, golpeada, embarazada, madre soltera, viviendo en un país que la rechazaba y la quería erupcionar como hace un volcán con su lava borboteando por los aires, aquella desdichada ciudad, aquella desdicha de hogar, tenía a mi padre pero a la vez no me servía para absolutamente nada, él también me abandonó cuando más lo necesitaba, me sacó de su piso y me dio la espalda justo cuando atravesaba mi embarazo. Ahí en ese punto de mi vida solo me quedaba buscar a mi ex pareja… aparecí de repente en frente de su casa y toqué la puerta, esperando a que fuese él quien me abriese, pero no fue así, me abrió su nueva mujer. Avergonzada, ¡en vez de ser ella quien sintiera vergüenza! solo me quedó preguntar por él, cuando de repente éste asomó por la puerta preguntándome qué era lo que quería. —podemos hablar—, le pregunté. Así que se dispuso a escucharme.

estoy embarazada, tengo 5 semanas de embarazo ¿qué vamos a hacer?—.

seguro que no es mío, lo que eres es una puta, largate de aquí— . Se dio la vuelta y entró en su casa dando un fuerte portazo, mientras yo me giraba para tomar camino hacia la casa de donde me habían echado.

No podría salir adelante sola, no estaba preparada para estar tan sola como me estaba encontrando, necesitaba a mi madre más que nunca y con la vergüenza de tener que contarle tal episodio de mi vida me dispuse a llamarla. Sabía que ella me iba a escuchar, ella sería quien me ayudaría a salir adelante… “hay quienes dicen que existe un Dios, yo digo que todos tenemos que creer en algo para que el mundo no se vaya a la mierda, dicen que el aborto es algo que no se debe hacer y que es un castigo divino, pero cuanto de malo es traer a un crío al mundo a pasar necesidades por los errores de los mismos padres”… yo no me voy a defender pero si quiero dejar claro que el dejar que te juzguen, no te va a dar absolutamente de lo que necesitas para salir adelante, y que en momentos por más que nos protejamos para no llegar a quedar embarazadas, si terminamos quedando, el papá del niño no nos va a dar un hogar y todo cuanto necesitamos para proteger al bebé, las leyes harían exactamente lo mismo “nada” y los más creyentes solo nos calificarían; o sea que hiciese lo que hiciese de todas formas estaría mal. Nada era factible en aquel momento.

Todo cuanto sucedía y todo cuanto yo pensaba se lo comenté a mi madre, ella no me cuestiono, ella nunca me echó de su vida cerrándome la puerta como lo hicieron las personas que se encontraban a mi lado. Aborté, ¡sí! ¡aborté! y me tocó sola, lloré porque no era algo que quería para mi vida, no era algo que tenía preparado, me vi sola cuando me dispuse a ir al hospital y tomar aquellas pastillas, que me harían abortar, me vi sola al coger un taxi de regreso a mi casa y me vi sola cuando mi cuerpo empezó a sentirse tan mal como consecuencia de los efectos de esos medicamentos, me vi sola cuando me entró tal dolor haciéndome correr al baño pensando que daría del cuerpo y lo que me encontré fue algo rojo en el WC, estaba segura de que era mi bebé, en ese momento yo caí al suelo atemorizada y temblorosa, llena de lágrimas y maldiciendo todo por verme obligada a hacer tal cosa tan aberrante “un baño fue mi compañero y mi confidente”. Yo chillaba; ¡me dolía todo! pensé que iba a morir y sentí la necesidad de llamar a mi madre, ya que ella estaba en otro país, tan lejos, que era imposible venir a rescatarme de cuanta cosa mala me pasaba. En cuanto ella me contesto, entre llanto y llanto le decía “mamá no puedo más, me voy a morir, me volveré loca”. Y loca estuve, mis días eran eternos, oscuros y tristes. Pero debía luchar para salir adelante, aunque ya no era fácil. ¿sabéis una cosa? aquel dolor no se puede describir, la vida cambia y no vuelve a ser lo mismo, las noches se convierten en pesadillas viendo a una criatura caer a un pozo, mientras yo le tomo la mano para salvarla y aquella me mira asustada… “una parte de mi ha muerto para siempre”. Mi vida siguió y como os cuento, aquel país en el que he nacido me vomito mandándome a Europa. Ya había vivido fuera muchos años y por temas personales regrese a mi país natal, pero este me dejó claro que por más que me haya abrazado para llegar al mundo, ahí no estaba mi futuro, mi país de proyectos o de triunfos. Tres meses después me encontraba nuevamente al lado de mi madre… ahora nada es igual, soy feliz ya que mi otro hijo me acompaña para luchar los dos juntos ante cuanta cosa se nos presente, pero mi alma y mi cuerpo quedaron más que marcados de por vida y para siempre.

En momentos un lado de la balanza pesa más que el otro y en muy pocas ocasiones logramos igualarlo. Ahí es cuando te das cuenta que debes soltar y liberar… a veces, solo a veces, te pierdes en un camino del que no sabes como salir, ya que no conoces el regreso. A veces te miras y ves que ya no eres esa persona que solías ser. A veces las personas dejan que te vayas de sus manos como polvo que sopla el viento.

Soy Monik Ramirez, he escrito en nombre de ésta persona. Mil gracias por compartir conmigo tu historia… Lloraste aquel día contándome tu experiencia, pero quiero que sepas que has sido valiente, mi corazón se encogió cuando empecé a plasmar cuanta cosa me narraste. Nosotras las mujeres nacimos para luchar, puesto que creo que cada lucha no se puede quedar en el olvido como hojas marchitas que las deshace el tiempo. Yo pongo mi granito para dar a conocer cuanta historia pueda. Somos mujeres y queremos ser de color, somos guerreras y muchas quedaron en el dolor siendo reconocidas cuando fueron matadas, violadas, ultrajadas y la muerte las hizo eco ante el mundo. Gracias a aquellos hombres, que nos abrazan y nos apoyan para ser escuchadas.Somos mujeres y queremos ser de color.

Publicado por Mónica Ramírez

Soy una persona, que da crédito donde el crédito es merecido. Un alma soñadora a la que le encanta reflejar lo vivido, y para así poder transportaros a aquellos sitios.

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