Así que me encontré con dos palmos de narices al escuchar la gorda palabra salir de su boca —necesitamos un tiempo, quizás deberíamos dejarlo—. Vi como aquellos labios se juntaban y se separaban cada que soltaban una palabra. Quedé con un molesto zumbido en la cabeza… sin titubeos maldije cada una de sus palabras, después de un momento pensé que era un sueño, creí que él estaba bebido o tonto, que demonios ¡Qué sé yo!

Llegado, debo hacerle frente a sus palabras, debo ponerme cara a cara con mis sentimientos, los cuales parecen rebotar fuera de mí ser contra las paredes de aquella casa, destruyéndola fuertemente. Lo miro de forma incredula, mi fachada está descompuesta, pero ello no me impide hablar —¿hablas enserio? Y si es así ¿dime en que he fallado para que te quieras marchar de mi vida?—. No obtuve respuestas, ni miradas, el silencio se apoderó del terreno que él había abarcado.

El agua rebasó mi puerta, ahogó mis días, días que se hicieron interminables. Me encuentro con pañuelos blancos, tirada sobre la cama, harta de llorar, aniquilada en vida. El agüilla que cae por mi nariz ya no sabe a sal, ya no sé si es densa, pareciese de textura carente. Mis dedos están a punto de quebrantarse como si alma propia tuviesen, sin dejarlos descansar escribo una y otra vez a mi chico exigiendo una explicación que jamás llegará, ¡lo sé! Me siento en las escaleras de mi patio, jugueteo moviendo mis pies y dedos, muerdo mis uñas, luego me canso de esperar con el móvil en una mano, y en la otra sostengo una copa de vino. Me dirijo a la cocina u a otro lugar de mi casa donde pueda respirar aire puro mientras espero como tonta una respuesta. Hablo con mis amigos, les cuento todo lo sucedido. Algunos me dicen que es lo mejor que me pudo haber pasado, visto que él era muy aburrido para mí, otros me dicen que espere unos días, que seguramente todo se arreglará… ¡La verdad! ¡no sé qué pensar! Tal vez te pueda interesar leer:La depresión al sonar de la aurora

¡Atención! Acaba de aterrizar la depresión, la primera fase de esta enmarañada etapa ¡sálvese quien pueda! No sé controlar mi frustración, ni mis miedos, me desvanecí pues… en el asco. Mi cuerpo se zambulle entre las mantas, ya en este punto pestilentes, enhalan una toxicidad de la cual no puedo escapar ni aunque me este envenenando, doy vueltas entre aquella nube de gases verdes atrapada conmigo dentro de las mantas, ¡no sé que esta pasando conmigo!, hago berrinches como una cría, mi rostro está invadido de lágrimas y mi corazón destrozado en pedazos. ¡Estoy tan cansada de esto! pero tal vez no lo suficiente como para querer desenvolverme de mi propio resguardo aniquilante ¿debería morir aquí dentro? No hay respuesta para tal pregunta.

Reutilizo los pañitos ya usados, sí, ¡así es!, ¡no quiero negarlo! Los tomo por las esquinas e incluso por el revés, por aquellos lugares donde no haya rastro alguno mocos pasados, entonces me vuelvo a sonar una vez más, ¡he perdido el pudor! Una mujer deprimida y abandonada carece de fuerzas para ir a comprar kleenex al supermercado. Me olvido de que el mundo exterior existe “solo existo yo, los demás siguen felices, sonriendo y planeando sus asuntos; mi alma se hunde en medio de este dolor” ¿será que estoy siendo una loca dramática? ¡Lo dudo! Ahora tengo un poco de fuerzas, son las fuerzas suficientes para seguir destruyendome, ésta vez, en la cocina arrasando con todas las calorias que puedan hacer explotar mi cuerpo. ¿Ducharme? ¡a lo mejor! pero mi cuerpo parece no merecer verse perfecto. Así que ¡bienvenidos amigos vellos de todo mi cuerpo! No sabía, que mis pudiesen medir tanto, ni que fuesen tan rizados, oscuros. Nunca estuve tanto tiempo sin depilar, pero la verdad me da igual.

Solo me faltan un par de tatuajes, raparme los laterales de mi cabeza y salir a cantarle a ese capullo “EL VIOLADOR ERES TÚ” nunca mejor dicho, eres un “macho” capaz de arrebatarle la felicidad de las entrañas, a una mujer ¿Quién te dio tal poder? ¿Quién te concedió tal frialdad? Sabrá Dios si se trata de otra, sabra Dios si soy yo la culpable de tu desamor, sabra Dios todas y cada una de las respuestas.

Ok, me miro al espejo, me ubico y autorregulo, es hora de dejar atravesar este periodo, de dejarlo atrás. Han sido unos días duraderos, como si del peor catarro se tratase, “el catarro del desamor”. Estoy totalmente lista, definitivamente preparada para dar un paso adelante, para poner un pie fuera de esa puerta y dejar de hacer show por el cual no me están pagando.

¡Atención! ¡Aquí vamos! Llega la segunda fase, la fase de superación. ¡Pero Dios, tengo miedo de un nuevo cambio! ¿Cómo será besar de nuevo otros labios? ¿Los habrá más carnosos y suaves? Se me está ocurriendo que tal vez puedo encontrar un mejor pene, ¡hay no sé! Uno así como de 22 centímetros, gordito, espesito, bien empinadito, es decir, MEJOR QUE EL ANTERIOR, pero… un momento ¿cómo puedo ligar, ya olvidé cómo se hace? ¡Sé que podré!, tengo que animarme, debo ser valiente ¡YO PUEDO! Así que me dispongo a sacudir las mantas, a desintoxicar mi habitación abriendo las ventanas. Necesito una ducha larga en la que pueda mimarme, vellos fuera, cuerpo nuevamente limpio y exfoliado… mmm que bien huelo. Estoy fraguando darme mi propia prerrogativa. Somos mujeres y queremos ser de color.

Creo que un vestido bien perro es lo adecuado para ésta ocasión, entones recuerdo a mi tía cuando se ponía la culi-falda… ¡no! Tan bajo no debo llegar, si voy a lucir furcia, entonces tengo que quedar bien recatada, no hay que perder la elegancia; y no es que esté hablando mal de mi tía, ella está en su derecho al igual que yo en mi derecho de buscar un XL, de catar por toda la discoteca lo que mejor se adapte a mi. Igual ¡si ese cabrón me dejó!, me mintió, me dijo que me amaba y no era verdad… ¡En fin! Veremos qué pasa, quiero experimentar el mundo de la soltería.

¿Quién sabrá soportar mi mal humor? Es mejor no ser pesimista. Dejo un pasado de espectros, recojo del suelo la poca dignidad que me queda, y me propongo ser una mujer nueva.

Salí de fiesta y el alcohol encendió mi cuerpo. No me mal interpreten, calentó mi cabeza en vez de calentarme otra cosa, es decir, me calenté del ombligo pa’rriba, me entró una ansiedad de echar pestes por la boca y empecé a maldecir desmesuradamente —¿Dónde estás maldito? ¿Por qué me hiciste esto?— dije yo en el club reflejando a una perdida, —Ven y dame la cara malnacido, no seas canaya, ¿como puedes jugar así con una mujer hijo de perra—. En la discoteca me miraban con ojos de asombro, mientras yo movia mi cabeza de arriba para abajo apunto de caer rendida. Mis amigos se reían alguno que otro me consolaba.

“Alcohol y móvil dos malos aliados en una noche de fiesta para una persona lastimada”.

Al día siguiente con resaca/guayabo, lo primero que hice fue mirar la cantidad de mensajes que dejé en su Whatsapp. ¿Qué hago si el amor no sabe de límites? ¡Oh! ¡Mierda! Ya no puedo hacer nada…No hubo pene ni de 22 centímetros ni del tamaño de un alfiler, ¡qué demonios! De igual forma recogí mi dignidad del suelo para nada, me vestí de furcia para seguir arrastrándome ante él. El silencio se posa en mi cabeza, en mi casa, ¡joder! Que manía tengo de liarla siempre. Encima no puedo borrar esos mensajes porque ya los ha visto.

Adiós silencio, aquí llegan mis amigos los ruidosos, ellos quieren que salga de este agujero nuevamente. No saben es que yo sóla me zambullo aún más y más en él. Con la boca pequeña les digo, —he vuelto a tirar por el suelo, la dignidad que había recogido antes de salir por primera vez, como la nueva soltera—. Y ellos responden, —de los errores se aprende, no siempre manda la cabeza; el corazón sabe hacer sus cosas.

Ellos ríen por mi metida de patas en cuanto a los mensajes enviados a mi ex y por mi aspecto deplorable; mis pestañas tienen el rímel esparcido por todas partes y mi cara está hecha polvo.

Me doy cuenta de todo lo ocurrido por segunda o tercera vez, sé que el alcohol no deja nada bueno, ni cura las heridas… querer ligar con algún cualquier otro hombre para sacar aquel clavo añejo oxidado y enterrado en el armario no es la mejor manera de solucionar este asunto; al contrario, me hundiría más con el paso de los días , nunca se puede sacar a alguien de tu vida de la noche a la mañana.

Así que dije a mis amigos —lo mejor es seguir con mi vida, enfrentando todo este asunto, dejando que los días y el tiempo me ayuden a curar mi tristeza y que sea el tiempo quien decida lo mejor para mí—. Bien, ninguna de estas fases, son malas. Lo malo sería, no darnos cuenta que nos han terminado y que seguimos en un mundo totalmente equivocado. Necesitamos aquellos errores para enterarnos que aquella persona nunca fue la ideal para acompañarnos a lo largo de nuestro camino. Nosotras como mujeres somos más sensibles, por lo cual necesitamos superar una serie de sentimientos entrelazados para sanar cualquier tipo de dolor.

Hay hombres que dejan a su pareja o simplemente piden un tiempo para esclarecer sus sentimientos y ya cuando nosotras superamos el miedo, la soledad y nos damos cuenta que despegarnos de nuestra pareja no nos lleva a la muerte. Llegan ellos de nuevo diciendo que no pueden vivir sin nosotras, en ese punto pensamos muchísimo si regresar o no, después de tanto daño todo se torna difícil.

Algunas mujeres deciden continuar con su nueva vida; otras deciden dar segundas oportunidades, pero con el tiempo se dan cuenta que nada volverá a ser como antes y lógicamente ¡así es! ya que siempre la rabia y el recuerdo. Y si quizás ambos entran en una discusión, a lo mejor sacaran trapos sucios del pasado a relucir. Aquello no sería vivir feliz.

Nadie merece pasar por tan malos momentos, pero si para ser felices debemos experimentar esta serie de sentimientos. Lo mejor es vivirlo y aceptar con madurez lo que todo lo que venga y superarlo con crecez para aprender a crecer como personas.

La vida es nuestra y nos acompaña solo quien de verdad nos quiere. Tal vez te pueda interesar leer: UNA VIDA A TU LADO