Para llevar una vida de acuerdo con las expectativas sociales, se necesita demasiado valor, el mismo valor para realizar aquello que fervientemente sientes, ese valor que necesitas tan desesperadamente para dar rienda suelta a los gritos de tus deseos más oscuros.  

¿Zambullirme en un charco?, ¿yo?, Desde mi infancia tenía miedo a ello. Charco, océano o laguna, las aguas desconocidas apuran nuestros miedos. La talasofobia se describe como el miedo a inmensas masas de agua. Tal y como el que yo siempre tuve al no pensarme capaz de ver el mundo real a través del agua, ver bien a través del agua oscura; mi mayor escalofrío era llegar a tocar fondo, dónde empieza el fondo y donde termina, que criatura extraña albergan sus tierras y osarían atacar mis pies.  

agosto del 2012 

Mi talasofobia terminaría una mañana en la que el sol no conocía de amistades. Mi novio me invitó a una laguna llamada El Pego do Inferno, ubicada en Portugal. Era tan hermosa, que puedo jurar que la naturaleza fue caprichosa en su creación, cascada vertiendo diamantes en forma de agua y la gema más gigantesca del mundo disuelta ante la perpleja vista de pecadores y santos erguidos a dos patas. Quién diría que allí agitaría al peligro al querer tirarme de aquella peña tan alta, tenía el deseo en la mente y en las bragas, las miradas llenas de morbo me aplaudirían con sus manos para alentar mi furor, no había de otra, tenía que lanzarme. Me lancé pese a la oposición de mi estómago, debía callarlo, y demostrarme que podía. Mi cabeza se zambulló en la gigantesca gema diluida, pero no quería tocar fondo, no sabía si tan siquiera ello era posible, así que me apresuré a salir para ver a los pecadores y santos una vez más, y ellos, aplaudieron mucho más fuerte al verme. A partir de ese momento de valentía, descubrí que podía desatar los deseos que me quemaban por dentro, debía, pues, empezar a cumplirlos. 

febrero del 2015 

 Ante lo siguiente que voy a decir, solo me queda advertir: no quiero un paro al corazón, quizás una subida de tensión o una fiebre intensa en algún lugar de vuestro cuerpo. Sin más que advertir prosigo

Buscando saciar nuestra lujuria, viajamos a Birmingham, una ciudad inglesa. Para acceder a un sitio no frecuentado por santos y no apto para gente corriente o de cualquier estatus. Estábamos dispuestos a experimentar aquel hotel, ¿volver a atrás?, ¡ni hablar!  

Cómo requisito: código de acceso, enviado tres días atrás por correspondencia y empacado de forma discreta. Cualquier dato habría de ser manejado secretamente. No era pues menester revelar identidades ni a dónde queríamos dirigirnos. Un recepcionista arropado por el silencio verificó nuestros datos. Estamos tensos, el recepcionista sigue mirándonos, trago saliva sin sabor y escucho mi corazón latir, esa mirada entre grietas faciales me pone nerviosa. Nos puso en contacto con el anfitrión. En ese momento siento un brazo en mi hombro — Hola soy Andrew, ¡encantado! ¿Encantado?, pero si me ha asustado, al menos parece simpático, pensé. ¿y vosotros? Preguntó él, —Hola, encantada, mi nombre es Mariasa y mi marido Damian. —Una alegría tenerlos hoy en la fiesta y disfrutar de vuestra presencia. Pasad, os enseñaré nuestras instalaciones. Aquello prometía.  

Ahora estamos en la primera planta, aquí tenemos: la discoteca, la zona del bar, el buffet, la zona de fumadores y por último este precioso solar donde podéis salir a bailar o simplemente tener una charla amena, con los demás, mientras tomáis una copa. Con “los demás” atendí que se refería a los pecadores. Pasemos a la segunda planta, continuó Andrew introduciéndonos. En esta se encuentran: las habitaciones en las cuales toman lugar las fiestas con otras parejas, cuyo propósito final es el desparpajo. Andrew nos miró, lucía picaresco, ¡Dios mío!, su rostro terso e impecable, ¿era él también un pecador? Un momento, ¿desparpajo dijo? Yo con mi falda y mi bolso, como si tuviese más intensión de caminar por Francia y parecer recatada ante la sociedad, no pude evitar sentirme confundida entre su cara y aquella palabra, que léxico, que tesitura. El anfitrión rompió el silencio con su precaución diciendo: Para este tipo de fiestas somos celosamente cautelosos, tenemos en cuenta cada detalle y necesidad de los asistentes, de igual forma vuestros datos se manejarán de manera privada y confidencial, nada saldrá de estas paredes. Estoy boquiabierta, pero sin abrir mi boca, perpleja, pero sin estarlo, la respiración se me agita y un calor me recorre las entrañas. ¡Es verdad!, Andrew, me ha dado el champan, recordé, quizás es para beber en este tipo de momentos, mientras visualizamos la lujuria en forma táctil. Tengo que dar un sorbo y luego otro, a mi champan claro, o no podre asimilar cuanta cosa ven mis ojos mientras doy mis pasos endebles. 

Ahora entremos por este pasillo con luces azules, dijo él, muy amenas para la visibilidad, e inhibidoras del miedo. Lavanda, bergamote e ylang & ylang, olores que impregnan mi olfato, los reconozco. 

Sigamos adelante ¡por favor! 

 Mi marido está animado; yo por el contrario estoy inadvertida ante tanto descubrimiento. ¿Hasta dónde nos llevará el pasillo?… Una pequeña piscina, un jacuzzi y un sauna. Este último despertó mi atención, estaba situado justo en la esquina del cuarto donde nos encontrábamos, sus cristales clamaban morbo.  

Decoración captada por mi vista atenta y ansiosa de detalles: toallas de color naranja a modo spa, más luces azules para imitar el océano, rocas incrustadas en la pared gritando dolor y misterio. Había un olor que gritaba perversión, el color era pasional y cortaba la respiración. Había copas y bebidas, algunos las necesitarían para avivarse y otros para recuperar el alivio después de la polvareda en la que terminarían sus cuerpos.  

Implementos de aseo: Shampoo, desodorante, crema para el cabello, perfume, cremas para la cara y todo lo necesario para salir de allí nuevamente reputada, santa y digna de la sociedad más crítica de nuestros tiempos, etc.  

Mis pestañas rizadas, mirada alzada, labios hidratados e increíble deseo de probar, ESTÁIS ENTONCES EN UNO DE LOS CLUB SWINGER MÁS EXCLUSIVOS DE INGLATERRA. Andrew alzó la voz diciendo estas últimas palabras mientras todos estábamos congregados enfrente de él observando y escuchando. Él anfitrión alzo su copa y todos lo imitamos emocionados haciendo nuestro primer brindis, un humo en forma de neblina salió del suelo y las paredes para darnos la bienvenida. El lugar ya nos había atrapado.  

30 de enero del 2021 

Aquí está vuestro cachito de pan, la que viste de normal y clásica, la mujer que carga su bolsa con sus obras de literatura en ella, la que bebe su vino mientras edita sus blogs y es esposa. Sonrío cuando me llamáis cachito de pan, quién podría pues ganarme en experiencia. Parezco frágil y dócil, pero temeraria, arriesgada. ¿Mi entorno?, ¿cómo contarles?, si sus mentes abiertas aún no están liberadas, ni de la santidad ni del pecado.  

Doy un sorbo a mi copa de vino rojo mientras recuerdo como un día alguien me dijo “eres como un huevo Kínder, nunca se sabe que sorpresa traes por dentro”.  

Quitándome la máscara que me cubre en una sociedad, de santos, pecadores e incluso roedores por qué no, confieso que mi primer juego empieza con dos preguntas que me hicieron a los 18 años y que podría realizar años más tarde.  

  1.  “¿qué es lo que deseas y no puedes hacer?”.  
  1. ¿quieres estar con los tres hoy?”.  

La primera pregunta, crea en mi un camino de deseos desde aquel entonces. Sabía de más, que con el pasar del tiempo se haría realidad. La segunda pregunta, fue una mano extendida y tentadora para dar el paso a morder la manzana. No sabía si sabría tan bien. 

Birmingham febrero del 2015 

Un hombre se acerca, él quiere entablar conversación conmigo. Tiene buen porte y un color de piel que se asemeja a la adrenalina. Su acento es incierto, así que le pregunto de dónde venía. Me respondió que era cubano. Así que nos dimos a la tarea de hablar en nuestro idioma… Me sentí única al lado de dos hombres de escándalo, eran míos, ¿verdad o mentira?, eso que importa, podría poseerles en el momento; pero los nervios de saber que no evadiría el momento sin experimentarlos se posaron en mi estomago como aquel día en que me lancé de cabeza en la gema diluida… sonreí, guardé silencio, bebí de mi copa, resulté desafiante y mi sistema se aceleró cada que pasaban los minutos y nos hacíamos de más confianza. 

Minutos más tarde me encontraba con otros dos chicos en una de las habitaciones. Ese par de atrevidos no dudaron en despojarme de lo que sobraba, o más bien de lo que estorbaba. Yo tiré sus ropas por doquier. Estábamos sumergidos en la excitación extrema de las carnes, al paso que la endorfina, dopamina y serotonina revoloteaban en el cuarto golpeando nuestros sudorosos cuerpos. De imprevisto se llenó el cuarto de gente. Caricias, besos, manos. Sentí como mi cuerpo empezaba a ser manoseado y aquello me excitó cada vez más, ¿quién es uno para contenerse? El olor a sexo voló diluido en el aire oxigenando a los confidentes que tan enorme secreto habrían de guardar en una noche tan hermosa… 

¿Preguntas, sentimientos?, al día siguiente todo giraba en mi cabeza. ¿A quién le podría contar lo sucedido?, ¡pues… a nadie! Pero vosotros ¿estáis preparados para saber más?…  

Tardé en descubrir que yo no tenía miedo en lanzarme en aguas profundas y desconocidas. Descubrí que no confiaba en mí y mucho menos en lo desconocido. Por lo cual estar fuera de mi zona de confort me desestabilizaba muy abruptamente. Me entregué el permiso a conocerme a mí misma y dejarme conocer. Es tanto así, que los placeres de la vida no son los que yo pensaba e imaginaba… los placeres son cosas mucho mejores y es mejor vivirlos, tanto como atreverse a romper tus propias barreras, sin importar lo que diga la galaxia entera.  Estoy aquí dejando huella en este mundo de mentes gélidas.