MIS DESEOS CONTINÚAN…

Mencionaron mi Nombre captando mi atención, levanté mi mentón y salive mis labios para humedecerlos como si no bastase con el pintalabios que los mantenía hidratados ante el temible calor de Dubái, crucé la puerta con aquella mascara negra abrillantada. Mi rostro no debía ser visible ante las miradas; bajo la máscara estaba la realidad de mi vida, y la realidad de la vida de muchas mujeres y personas, que deben ocultar lo que tanto les corroe: esa sulfurante herida silenciosa causada por el repudio y el señalamiento por parte del colegio de los puritanos; por las congregaciones religiosas; por la estirpe de las clases impecables que jamás han sido titulares de un párrafo grotesco en primera plana del periódico. Una vida no aceptable ante la crítica social, aun así, he aquí mi consejo: sigue adelante tal y como yo lo hice en aquel momento al atreverme a cruzar esa puerta.  

El futurismo de la ciudad me escaramuceó. Caminaba con mi marido sobre aquel suelo de cristal llenó de arena, las paredes del lugar estaban fundidas en negro carbón, así dejaban entrever, pues, a los brillantes dragones plasmados en ellas. Colores rojos y azules se paseaban avivados, barras cristalinas clamaban calmar mi sed, ¿de las piscinas y aquellos en bañador? Nos veríamos más tarde, si fuese el caso de que me tuvieran como objetivo y yo como posibles objetos vivientes para mi redención terrenal.  

Vuelta en la cama, una vuelta más, me duele el hombro, mis ojos están cerrados y se mueven a mil por hora en la oscuridad que permite ver el más allá como la vida misma, otra vuelta irracional en mi cerebro que parece ser tomada con raciocinio, la música del baile me hace girar de tal forma, estoy poseída, ¡que encanto!, ¡Mariasa despierta!, dice una voz endiablada, ¡Debes ir a trabajar y tu móvil no cesa!, ¿qué es esto tan raro?, el más allá me priva de una pieza de baile tan exquisita, deseo seguir girando como un trompo de mano en mano ante el intercambio ¡fuera demonio! ¡déjame seguir disfrutando!, ¡Que despiertes te digo!, tomaré mi tiempo esto está muy bueno, no hay demonio que pueda arrebatarme este azote de baldosa, parezco toda una señorita bailando somebody loves me de Marion Harrys, acaso es una fiesta en la cual busco a mi futuro marido, ¡despierta! Dijo el demonio nuevamente. Ya estoy despierta y recreando esta época de 1924, anda ven a bailar conmigo cosa rara de tinieblas desconocidas, deja que sea yo quien te posea y tomate un descanso de tan arduo papel cansadizo, mira que el megáfono tiene melodías maravillosas, ¡Que despiertes coño!, dijo mi esposo furioso y aturdido por mi despertador, ¡Gracias gordo!, le contesté tras darle un tierno beso de buenos días y con un mareo después de dar tantas vueltas en mi cabeza, que sueño tan rico, pero me dejó más resacosa que la fiesta del día anterior.  

Ahora estoy en el trabajo, una mirada a las vidas normales, son puritanos o pecadores, ¿quién soy? ¿Soy Mariasa? ¿Es esto pecar?  

Ante la llegada de Matthias Gröber, que debo admitir que me interesa más bien poco sí está en el sitio o no, me siento llena de nuevas vibraciones, Mariasa, ha llegado Herr Gröber, ¡Despierta! ¡llegó tu cliente!, repitió mi compañera esperando que lo atendiese como un rayo y pusiese su castigado pelo en orden, Lo siento Klarina estaba pensando en la fiesta de anoche. Le dejaré el pelo a Herr Gröber tal y como lo lucia aquel buen mozo que me sacó a bailar en mi sueño en 1924. 

480 minutos en este salón de mier**, digo de belleza, persona por aquí persona por allá, todas han salido, entonces, con otro aspecto; estoy destrozada y deseo dejar allí todo cometido laboral tras salir por la puerta camino a mi casa. Tengo mi corazón en los dedos de mis pies, he aquí a la señorita bailarina de 1924 y a la señora bailadora del 2021. Cama ven a mí, dame descanso antes de volver a visitar un club swinger, esta vez será en un país de ambiente exótico y lujo exuberante, Mariasa debemos empacar las maletas, salimos a las 7:00 a.m. hacia el aeropuerto y estaremos llegando a Dubái en la noche, dijo mi esposo muy serio pensando que su voz con ímpetu me haría actuar de mejor gana. 

Cerca de 4840 Kilómetros nos separaron de Europa, me hubiera gustado ver con mis propios ojos la estela que el avión dejaba a su paso durante aquellas seis horas de vuelo. Imposible dormir en el avión, pero imposible recostar la cabeza sin terminar soltando un minuto de babas alucinando tener diecisiete años en 1924, que bailoteo, que rebeldía en medio de melodías a megáfono. Que retorcijón en mi cabeza.  

El aire sacudía muy poco la atmosfera a nuestra llegada a Dubái, el agitante calor cocinaba nuestras siluetas, y escapando de la distorsión que producen tantos grados de temperatura, nos zambullimos dentro del Address Sky View Hotel, modernidad y crema fundida. Ride it sonaba de fondo en la recepción del hotel, mientras mi marido y yo nos deshacíamos de las gafas para atender al registro. Tomaron nuestro equipaje y en unos instantes estuvimos en nuestra habitación, a la cual acudiríamos más bien poco.  

Una vuelta por las Islas Palm, arquitectura artificial humana que algunos acusan de destruir el ecosistema y que más sin embargo todos aclaman en Instagram como artilugio de la espléndida vida y triunfo. Filma las bellezas de la vista admirada, fincas privadas en las palmas y la exclusividad, parque acuático de primera clase, todo tan surrealista, hoteles imposibles y residentes de dólar estampado. Subimos en el girocoptero y captamos como águilas todo cuanto se veía, luego nos daríamos encuentro en un selectivo club de las islas, al cual llegamos en yate, para almorzar.  

—Gordo te veo negro —sonreí al verlo complacido. 

—¿Y tú estás muy blanca? —fue retorico aun sabiendo que mi piel canela lo vuelve loco.  

—¿Te gusta esto?  

—No tanto como perderme entre tu ser. —Con su respuesta partió mi cansancio—. ¿Y a ti? 

—¿Y a mí?, a mi desde el principio de nuestra relación me ha bastado con estar a tu lado. —Recordé como me enamoró con aquella mirada, en aquel momento en que limpió una mancha de ron sobre mi vaquero, ambos éramos camareros en Andalucía por aquel entonces, y tras cada jornada laboral de horas quebrantables, el cansancio no nos impedía disfrutar el uno del otro.  

Al día siguiente mi esposo me toma del brazo en el desayuno y me pregunta que me pasa, le comenté que estaba incomoda y deseaba irme del restaurante porque había un chico que estaba observándome con anhelo, estaba en mi Instagram y hacía días no me saludaba, el mundo es un pañuelo; mi marido no accedió a abandonar el sitio; por tanto, fui una buena esposa, y sin contemplar otra alternativa acompañé a mi terroncito de azúcar mientras terminaba su delicioso desayuno, ¿cuántas cosas más iba a poner en su plato?, en casa no come igual, yo deseando irme y el volvía y se levantaba a por otro PLATITO. Así que Mariasa pretendió que aquel individuo atisbador no estaba allí, pero sus ojos estaban quemándome la estampa. 

“Hola soy Fayes, acabo de ver tus historias en Instagram y he podido confirmar que eres tú, estamos en el mismo hotel”   le mostré a mi esposo aquel mensaje y ambos decidimos ignorar la situación. No obstante, Fayes fue insistente y siguió bajando a desayunar a la misma hora que mi marido y yo, su mirada seguía ardiendo sobre mi cuerpo, admito que a la vez me molestaba, bueno… ¡un poco!   

El día de las infracciones entre parejas, ya has llegado. Gasolina para el cuerpo, son las seis y treinta de la tarde. ¡Atención!, agilicen los movimientos que llegamos tarde. Preparación: gel de ducha perfumado, crema con feromonas y un ligero toque a canela, la bisutería negra para matar sin armamento y los toques necesarios de una colonia especial para la ocasión, sé que la competencia entre nosotras las mujeres es ardua y aunque la detesto no puedo pasar desapercibida. Falda de cuero, ceñida a mi figura, a conjunto con una blusa negra transparente con volantes en los hombros y de manga larga, mis tacones captaban lo que a mi mirada se le perdía y el metal de su aguja me concedería pasos decididos en el sitio, todo muy superficial ¿verdad?, cada uno sabe a lo que va ¡supongo!, y si no, dale un repaso a tu vida.  

Los celos no deben abarcar ningún espacio en mi relación, pero cuando me cercioré en el espejo de que mi maquillaje estuviese perfecto, vi a mi marido con aquel traje negro de corbata y puños de camisilla blanca y sentí que algo me destrozaría por dentro de tan solo saberlo con otra entre sus piernas. La base que no compone es sólida, con estructuras firmes, por lo cual deje los celos nuevamente a un lado y le di un beso.  

La famosa torre Burj Khalifa, la más alta del mundo posaba su sombra sobre mí, la contemplé insignificante y a la vez grandiosa ante la arquitectura que compone los cuerpos. Tragué saliva cuando la torre cobró vida con su función de luces y música.  

—Hola me llamo Agnes, y mi chico se llama Adolphe —Aquella mujer caucásica no iba más que cubierta por unas tangas y un provocativo sujetador según la vista de mi marido. Su esposo o acompañante, caucásico también, lucía un cuerpo cubierto de fibras, o más bien cubierto por un traje de corbata, lo de las fibras lo vería yo más tardes con estos ojos perversos. Ambos enmascarados de color oro. Parpadeaba ansiosa ya que quería conocer el sitio.  

—Encantada yo soy Mariasa —respondí con mi encanto latino.  

—Y yo Damián —dijo mi marido con sonrisa nerviosa.  

—Entrad, os enseñaremos el lugar. —La presencia de aquella pareja dominaba aquel club como si fuesen los propietarios.  

Nos mostraron el lugar, era precioso. 

Podíamos seleccionar a quien quisiéramos, todas las miradas estaban puestas en nosotros. Deseé estar con aquel chico moreno de ojos verdes y cabello negro azabache, al cual solo le miraba fijamente; por desgracia un hombre de 1.84 de estatura, y según los rumores con toque de midas en los negocios y en la cama, cosa que a mí en realidad no me importaba, se puso delante de mí vista tapando a mi moreno, Hola me llamo Andreu ¿y tú?, Encantada, me llamo Mariasa y mi marido Damián, sonreí sin interés al contestar mi mentón estaba firme mientras yo analizaba el lugar, Os presento a mi mujer Adela, dijo Andreu, ¡Encantados!, dijimos mi marido y yo en coro, seguía sin tener interés. La pareja estuvo hablando con nosotros unos 30 minutos de cosas sin elocuencia y que me distrajeron de empezar antes con mi cometido. Pude notar que la edad fue cruel con Andreu; sin embargo, su mujer poseía una sensualidad aun latente, así que quizás daban juego y deseé verla mordiendo los labios de mi marido… Cedí a estar con Andreu solo por el placer de que Adela hiciese disfrutar a mi marido; pero… ¿un momento? Ella lanzó sus manos para alcanzarme, mientras estaba con mi marido y yo con el suyo. Jamás… jamás había experimentado el mismo sexo, y esas malditas copas que bebí como ansiosa en la prohibida ciudad del alcohol surtieron su efecto ante el sonido del megáfono de 1924, la modernidad era ajena y a la vez vidente. Risas de juventud, nuevamente como de 17 y la mujer de Andreu me tocó… tampoco podía hacer mucho ¿Qué abusiva ella verdad?, me dejé llevar mientras la música sonaba de fondo, me besó aún más y más y todos y todas reclamaron estar a mi lado… el sudor brillaba como escarcha, los perfumes dieron paso a una fragancia carnal de fluidos bramantes. Aquel pulcro cuarto nos deshidrató por completo.  

Me levanté asfixiada ¡suficiente! No más provecho sobre mi cuerpo ardiente, así que le brinde mi mano a Damián para dirigirlo al yacusi. Detrás de él se vino Andreu y su mujer y unas cuantas parejas más, destapé un champan avistada por la perversión y serví copas para todos. Giré la botella vacía con mis manos, para no desperdiciarla, y les pregunté si querían jugar, absolutamente todos dieron su visto bueno. Pusimos penitencias: hombres besaron hombres, mujeres besaron mujeres, las risas nos atraparon, algunas terminaron atadas con una técnica llamada bondage, otras u otros se dieron al azote del spanking, y he de creer que el resto es muy fuerte para relatarlo, otras cosas no las recuerdo y de lo que si tengo memoria es que algunos estaban dando rienda suelta a sus fetiches y terminaron explotando globos cuerpo contra cuerpo ¿podéis creerlo? finalmente terminamos entremezclados.  

No encontré mis bragas por ninguna parte al terminar la faena, quería ir a comer y no me quedó más remedio que dármelas de modelo sin bragas, seguro que, a Victoria Beckham, a Paris Hilton, a Britney, ser persona no implica no perder los papeles de cuando en cuando. Debíamos bajar pronto al buffet para llenar nuestros estómagos. Damián me preguntó si me sentía bien, él se preocupaba bastante por mí y lógicamente yo le dije que estaba mejor que nunca, aunque… ¡sin bragas! Y el soltó una carcajada… minutos más tarde llegaba nuestro amigo el peli rojo, lo avistamos batiendo algo en el aire con su mano derecha, eran mis tangas… todos reímos y después continuamos hablando un rato, como gente del primer mundo que jamás se prestaría para una juerga tan… rocambolesca. 

Nos despedimos, por supuesto, no sin primero prometer volver a vernos en Alemania, en Leipzig, allí asistirían unas cuantas personas de aquella noche y un selecto grupo de personas cuyas identidades no puedo mencionar. No obstante, puedo camuflarlo todo, aquella fiesta en Alemania sería llevada a cabo por nuestro amigo coreano Vu ¡vaya nombre!, parece que ya me estoy asustando. Esto prometía bastante.  

La belleza del conocimiento de nuestro propio ser, tanto en soledad como en pareja primordialmente, es de lo más maravilloso que puede existir. Saber que aquella alma que te complementa puede disfrutar de sus tentaciones y deseos, quizás anteriormente reprimidos, te llena de vigorosidad al no estar siendo engañados. La libertad de poder disfrutar de quien observo con mis ojos, antes de llegar a una tardía edad y reflejarme en el espejo enclenque y artrítica y de fondo mi marido con un bastón me hace recuperar la esperanza en este siglo en el cual muchas personas de las décadas de los 90´s miran atrás anhelando haber experimentado la propia vida al son del megáfono, sin ser recriminados, tras terminar de zapatear en la pista de baile. En aquellas épocas nada era tan nítido como ahora, los demonios merodeaban despertando a los soñadores, impidiéndoles abandonar la palabra señorito o señorita en los clubes sociales, así que el temor de ser juzgado por un acto impuro cohibía a las personas de efectuar su pasión terrenal. Se ha hecho mucho para llegar aquí, para que podamos vivir esto, para más que contemplar esta liberación VIVIRLA. Podría fundirme como la crema en diversos cuerpos, pero solo podría morir en el tuyo vida mía.  

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