TÚ PUEDES SER EL PROBLEMA Y YO PUEDO SER LA BASE.

Despierto en un Yate que podría estar siendo confiscado en alguna costa del mundo como parte de las sanciones a Rusia, nadie imagina que el poder del dueño de tanto brillo y comodidad terminará desparramándose tal y como lo hace esta serena mañana al desaprovechar las vistas en la costa española en cuanto abro las cortinas de nuestra habitación en el Yate. Sujeto una copa de Brandy Luis Felipe, es un descaro previo al desayuno. A estas alturas no sé si se trata de la copa más barata o cara de este lugar. Quiero contaros que no me interesa hacer una retrospectiva, pero esta costa española se deteriora al ser sabida tu nueva reputación escalando montañas en búsqueda del triunfo, y mi nueva reputación, habiendo escalado innumerables montañas en años pasados, para llegar a donde mis pies ahora se posan. Me tocabas como hundiendo las teclas de un piano, desde el cuerpo hasta el alma, me quebrantabas de una forma sensacional… ¡tan sensacional como las vistas de la costa que ahora pierdo para darle un sorbo al Brandy mientras observó en mi mente!… Un día presionaste aquellas teclas tan fuertes que rompiste toda mi caja de resonancia, terminaste por quebrantarme tal y como este brandy en ayunas está quebrantando mi paladar, mi esófago y mi estómago.  

Escucho la voz de mi marido en el fondo, Buenos días, mi amor, dice él. Sonrío con el brandy en la mano y las vistas que no son vistas en la costa española se clarifican para rellenar el terreno reafirmando que tuve que dejarte atrás para lucir esta sonrisa. No le respondo a mi marido, sin embargo, volteo a verlo y lo acaricio con lo más profundo de mi mirada; una mirada con la cual él sabe que estoy junto a él más que nunca. Estoy girando mi cabeza nuevamente, abro la ventana y Claire de Lune de Debussy resuena hasta en mis vísceras.  

Es el amor sin más amor, es lo que hubo en mi sin permanencia, es tu amargura y tu egoísmo posados en esa luna que fortuitamente para mí ya no existe, trátese pues de aquel uno que nos juramos ser… Fuimos una nota de Claire de Lune de Debussy fundida en la tierna brisa sobre la inmensa roca que frecuentábamos. El viento mañanero… no sé si viene de Italia, pero me parece que ha surcado los olivos más importantes del continente europeo tal como este Yate ha de haber surcado las costas más importantes del antiguo continente; este viento me asegura que te olvidé, que tu sigues escalando en busca del triunfo y que yo sin pretender triunfar… escalé hasta la cima sin descanso.   

Despierto nuevamente, esta vez en Alemania, tomo el buzón y veo un folleto de promoción para hacer senderismo, actividad conocida en Alemania como Wandern escúchese la extravagancia de su sonar (esperando que me entendáis) y sépase de la adicción que los alemanes tienen por ello, a excusa de aire fresco y ensalzamiento de renovación constante a energías de la madre tierra. Tiro el folleto en la basura tal y como tiro ahí dentro todos los deshechos.  

Tras diez años con mi esposo, nos vemos surcando los cielos desde la conexión que establecimos como base en nuestra juventud, y nuestras paranoias e inseguridades nos han llevado a amarnos tanto a nosotros mismos como pareja. ¿Contaros lo que sucedió el fin de semana pasado? ¿Para no aburriros? ¿Por qué? ¡Está bien lo haré! Toma tu café, tu té o tu bebida favorita porque la cosa anda más retorcida que cuando el escalador de montañas me abrazó cálidamente sobre aquella mugrosa roca bajo la brizna y despiadadamente susurró en mi oído <<Lo siento, pero no podemos regresar>>.  

Debí haber sabido que Thobias supondría un problema, debí haber sabido que él se sentía sólo y que la soledad conduce a hacer cosas indeseables. ¿Cómo? ¿lo hubieses sabido tú, ¡lector!? Me tambaleo solo al pensarlo, se tambalea la primavera en cuanto pienso que ese sujeto llegó como un desconocido y se adentró como si hubiese estado ahí desde la época de los dioses griegos. Era el destino, estaba destinada a conocerlo, ya fuese por error o porque nuestro destino está escrito allí en el libro donde la vida de los mortales se especifica de inicio principio a fin.  

Damián y yo nos acicalamos para acudir a una fiesta de Vú y eso que ya empezaba a aburrirme de este tipo de fiestas.  

Sábado, son las 20:00 horas. 

Llueve, truena, relampaguea. El camino a casa de Vú se hace insoportable, la visibilidad es escasa. Damián está asustado. Grito de repente su nombre al atisbar el peligro; sin darnos cuenta conducimos en contravía, un coché nos destella con sus luces en un llamado de atención. El volantazo que da Damián es suave pero las llantas del coche chirrean, el estruendo de la lluvia y un tirón en mi espalda contra el sillón me mal logran en el acto. ¿Puede ser ello una advertencia? Qué cojones te pasa Damián, le grito tan furiosa que incluso los signos de exclamación se rompen en mi escritura, ¡No veo nada!, se me hace imposible estar con los ojos como un búho, a parte, no hay mucha luz en las carreteras, contesta él logrando que me percate de una más de las cosas raras de Alemania: la poca luz en las carreteras. 

 Me siento viva tras unos instantes en la oscuridad, comprendo que la vida se nos puede ir en un abrir y cerrar de ojos y doy por seguro que, si hubiese pasado algo, el dolor causado hubiera sido mucho más fuerte que la forma en que aquel exnovio presionó las teclas del piano casi destrozando mi integridad por aquel entonces. Agradezco así estar con Damián puesto que lo amo, sé que incluso en una situación de vida o muerte él da lo mejor de sí para mantenerme a salvo; y puede parecer una tontería, pero un mínimo despiste y está claro que no estaría redactando esto.  

Hemos llegado al corazón de Leipzig. Bajamos del coche y el alto standing de Vú parece abalanzarse sobre nosotros, Me perdonarás, pero en este trozo de arquitectura barroca no vive cualquiera, asevera Damián tan conquistado como yo por las formas del edificio. El sector era irrebuttable como la misma palabra NO SÉ SI ME COMPRENDEIS, tan irrebuttable como mi reloj de imitación al cual miro para constatar que hemos llegado tarde 

¡Y ya! Ya me cansé de hablaros en presente pesado, voy a contaros la historia en pasado, en retrospectiva, en mente y tiempo hirientes que perjudican y perturban a cualquier ser viviente.  

En cuanto introducimos el código para abrir la puerta vi como el suelo de mármol resplandecía sin trémulo. Entonces me percaté de que en el Yate todo rielaba alrededor como una premonición ante mis ojos de lo que sucedería con Rusia, tal y como en mis estrepitosos sueños bélicos. Sin embargo, brillar es una palabra ostentosa para describir el mármol de la casa de Vú, ya que este no brilla con luz propia. Lo vi venir hacia a mí, alcé mi quijada y mirándolo fijamente me pregunté a mí misma si occidente sería también capaz de apagar la economía de Vú. Las armónicas paredes venecianas de color gris no escucharon su saludo a una persona que se interpuso en su camino antes de llegar a nosotros. Sentí la necesidad de tocar esas paredes, se sentían como la seda. La música se detuvo por un rato y se escucharon las pisadas de mis tacones al terminar de entrar en el ostento, Damián se paseó con elegancia y desparpajo por un armonioso pasillo que solo tenía sentido a modo de decoración.  

Con sus ojos recorrió mis tacones en sandalia color oro y subió por mis piernas hasta llegar a mi vestido de lentejuelas negras, ceñido al cuerpo y a media pierna; con hombreras y cuello alto, unas mangas que llegaban hasta la muñeca y un escote trasero que descubría la espalda. Lucia también se atrevió a detallar mi maquillaje casi natural y mi pulcra coleta de caballo. En el acto Lucia estaba de frente a mi marido, queriendo dar juego con su desparpajo. No desaprovechó el momento y enseguida paseó sus ojos por Damián, se atragantó con sus zapatos como habiendo deseado tragárselos, me dio la impresión de que era una de esas lamedoras de carne humana y cuero esclavizante, de aquellas <<damas>> que sin pudor babean al género masculino y mean a cuatro patas. ¿Le gustaron a ella las Adidas Super-star de mi marido? ¿O deseaba ella que mi marido abriese la bragueta de sus pantalones chinos, sacase sus partes y le diera un poco de sabor a su boca? Seguro que Lucia deseaba también que mi conyugue tomase su chupa de cuero y la envolviese en su cara mientras la tomaba a cuatro patas. Me borró las preguntas con su chocante voz, Hueles bien Damián y te vez muy sexi con tus pantalones ceñidos demostrando tu poderío, dijo ella. Damián le regresó el alago con una sonrisa. No puedo negar que la sonrisa nerviosa de mi marido me molestó tanto como nunca. No intento ocultaros que cualquier reacción de Lucia, o cualquier reacción que ella produce me parece repulsiva. 

Intenté saludarla con una agradable sonrisa de la cual Philip me salvó con su llegada, captó mi atención con su delicioso perfume de Gucci, me pregunto en mis adentros si era Guilty y me ahorro mi indiscreción aun percibiendo la lavanda y la naranja. Philip pronunció mi nombre con su voz torrencial, lo tomé rápidamente por el cuello con mi mano derecha y la mano izquierda la posé en su cadera, sonreí y le planté un húmedo beso en la comisura de sus labios como si no hubiera nadie alrededor. En la escena pertenecíamos a la picaresca. Puedo decir que tanto Philip como Peter, se convirtieron en dos personas importantes en mi vida a la hora de la jugada, Podíamos sentirlo, podíamos sentirnos, en la piel, en los huesos, en el alma. Ante ellos daba igual la belleza masculina más atendida del mundo paseándose por la comisura de mis ojos. Todos deseaban un momento a nuestro alrededor, un magreo, un rodeo; porque a nosotros, a nosotros nos pertenecía la mañana, la tarde, la noche y a nosotros nos pertenecía el compás de la música, la ilusión sobre la mesa y el tarareo que hacía que siempre fuese más que bueno volver a vernos para menear los cuerpos. 

Sentí los celos de Lucia rozar mi piel cuando me miró nuevamente. Yo sufrí la competencia perfecta y el trabajo duro de la meritocracia en occidente para lograr pagar con mi propia tarjeta el vestido que llevo puesto y zarandearlo de lado a lado en esta fiesta en la que me hallo. Ella hablaba de lo necesarios que son en su vida los números de teléfono a través de los contactos para escalar posiciones. Me senté en una mesa, crucé mis piernas y sujeté mi copa y mirándola… no sé si con desprecio, pero al probar mi copa de vino siento que ella, al igual que mi exnovio, jamás terminará de escalar montañas porque aquellos que usan a los demás para llegar a puntos concretos en el GPS jamás parecen tener ni siquiera suficiente tras tragar polvo por todas partes del globo terráqueo. Dijo que su cuerpo perfecto la llevó más lejos que sus notas de clase. Sentí ganas de atragantarla con mi copa, la observé delicadamente mientras la sentía como una ofensa, y fue entonces cuando dijo que su entorno laboral se construyó por engranaje. Ha de ser… por ello que ahora la odio más.   

Decidimos pasar al siguiente nivel y retirarnos a un cuarto para dejar volar nuestra imaginación y deseos. Luz tenue, intensidad candente, el cuarto se llenó de un alboroto de cuerpos fervientes. Se sentía el vapor emanando de las pieles, las manos se deslizaban en contrapartes que sentían cosquilleo en cuanto se iba perdiendo el pudor y la vergüenza disimulada. Damián me tomó en sus brazos y noté que no podía sacarlo de mi cabeza incluso sintiéndolo cerca, día y noche desearía estar en sus brazos. Alguien le pidió permiso para tocarme, una vez más alguien pensó que soy propiedad u objeto, pude verle la cara entre el vapor de los cuerpos, no lo conocíamos. Damián lo ignoró haciéndole ver que soy dueña de mí misma, Me llamo Thobias, susurró a mi oído derecho. No le hablé, solo quería tener placer y perdí las ganas de ello en cuanto vi que Lucia apartó a mi conyugué conduciéndolo a otro cuarto. Decidí seguirlos. 

Fue incomodo verlos apartarse y seguirles, pero fue gratificante cuando pude escuchar que Damián le dejó claro que sin mí a su lado no jugaba, la despreció y es que sin lugar a duda él sabía por mi mirada todo lo que pienso sobre ella, La ficha más importante en el ajedrez es la reina, le hizo saber Damián, Y sin reina no hay juego, añadió él sonriendo.  

Después de escuchar aquello di un respiro y mi corazón se tranquilizó, me di cuenta de que somos un equipo, una pareja y un matrimonio bien forjado. No quise volver a entrar al cuarto donde estaban todos, quise ir a tomar una copa de vino y pasar el mal trago que me dejó Lucia. Al momento sentí que tocaron mi cadera y ahí estaba de nuevo Thobias Schulz queriendo acaparar mi atención como todo un conde. Preguntó mi nombre y se interesó por mi origen, No dudé en contestarle, su boca agrietada lucía atractiva a mi mirar, le comenté pues de donde procedía y lo logré asequible para indagar sobre sus detalles personales… fue una conversación puntualmente placentera que se llevó los minutos de mi reloj de imitación que él miró con desparpajo y con indicios de haber descubierto algo y antes de que posiblemente preguntara por también por el origen de mi reloj falso Damián llegó para rescatarme y dimos la fiesta por finiquitada.  

Seguía desnuda y descalza, agradecí que la música camuflase el ruido de los dedos de mis pies ¿me pregunto si también os suenan así los dedos? Es un sonido raro y resulta vergonzoso –_-, ¿no creen? Fui a buscar mis cositas al cuarto, encontré todo menos mi ropa interior, decidí darlas por perdidas y salí de la fiesta como Paris Hilton, pero sin fama.  

En la charla que tuve con Thobias, obtuve su número de teléfono, regla que quebranté en la fiesta olvidando que la privacidad es lo primero; y es que nunca pensé que traería consecuencias en mi relación con Damián desde el momento en que se lo conté al salir de la fiesta.  

—¿¡Qué hiciste qué!? —Su voz reveló el enfado.  

—Pensé que no te molestaría, no le vi nada de malo —afirmé defendiendo mi torpeza— por eso te lo estoy contando ahora mismo.  

—Mariasa, te darás cuanta y me darás la razón de que esto va a traer grandes consecuencias y por ello, siempre te he dicho que no des tu número a nadie, porque algunos hombres suelen ser acosadores y eso me preocupa muchísimo.   

Guardé silencio, silencio que se convirtió en un agujero negro en nuestro dormitorio, cuando me desperté él. 

—No sé de qué hablas Damián, pareces celoso. Thobias es un buen tipo, al menos eso parece, no todas las personas dejan tan buena sensación desde un primer instante.  

—Pues sabes lo que te digo, que Lucia es una buena mujer, al menos eso parece.  

—En eso no estamos de acuerdo, así no Damián, no es lo mismo.  

—¡Por supuesto que no es lo mismo!, Lucia no me pidió mi número de teléfono, yo no se lo hubiera dado y tampoco nunca se lo he pedido yo.   

Domingo, a las 09:00 horas.  

Vi un mensaje de Thobias que rezaba <<Hola guapa, ¿cómo está la mujer más preciosa del mundo?>> Esto me hizo espabilar rápidamente y despertar a Damián para mostrarle el mensaje, y él me pidió que le respondiese, ¡Pues respóndele tú!, le exigí adormilada, Hazlo como si fuese yo, le dije limpiando las babas mañaneras de la mujer más hermosa del mundo MI HIJA… los días prosiguieron con una mensajería que Jeff Bezos hubiera deseado tramitar. Cansada de tal acoso le pedí por favor que me dejara en paz.   

El lunes llegué al trabajo al medio día, un corte de pelo después llegó un repartidor de DHL preguntando por mí.  Sujetaba una pequeña caja en sus manos, me apresuré hacía él e imaginé un perfume por la forma de la caja. No suelo recibir correspondencia en el salón, pero pensé que quizás podría ser una sorpresa de Damián y en un caso extremo alguna clienta satisfecha.  

A mi vera tenía a mis compañeras preguntándome de que se trataba el paquetito que me había llegado, pues yo solo les dije que lo quería abrir en privacidad. Al abrir aquella caja… 

CONTINUARÁ… un título y una escultura universal

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