MIS DESEOS CONTINÚAN…

Mencionaron mi Nombre captando mi atención, levanté mi mentón y salive mis labios para humedecerlos como si no bastase con el pintalabios que los mantenía hidratados ante el temible calor de Dubái, crucé la puerta con aquella mascara negra abrillantada. Mi rostro no debía ser visible ante las miradas; bajo la máscara estaba la realidad de mi vida, y la realidad de la vida de muchas mujeres y personas, que deben ocultar lo que tanto les corroe: esa sulfurante herida silenciosa causada por el repudio y el señalamiento por parte del colegio de los puritanos; por las congregaciones religiosas; por la estirpe de las clases impecables que jamás han sido titulares de un párrafo grotesco en primera plana del periódico. Una vida no aceptable ante la crítica social, aun así, he aquí mi consejo: sigue adelante tal y como yo lo hice en aquel momento al atreverme a cruzar esa puerta.  

El futurismo de la ciudad me escaramuceó. Caminaba con mi marido sobre aquel suelo de cristal llenó de arena, las paredes del lugar estaban fundidas en negro carbón, así dejaban entrever, pues, a los brillantes dragones plasmados en ellas. Colores rojos y azules se paseaban avivados, barras cristalinas clamaban calmar mi sed, ¿de las piscinas y aquellos en bañador? Nos veríamos más tarde, si fuese el caso de que me tuvieran como objetivo y yo como posibles objetos vivientes para mi redención terrenal.  

Vuelta en la cama, una vuelta más, me duele el hombro, mis ojos están cerrados y se mueven a mil por hora en la oscuridad que permite ver el más allá como la vida misma, otra vuelta irracional en mi cerebro que parece ser tomada con raciocinio, la música del baile me hace girar de tal forma, estoy poseída, ¡que encanto!, ¡Mariasa despierta!, dice una voz endiablada, ¡Debes ir a trabajar y tu móvil no cesa!, ¿qué es esto tan raro?, el más allá me priva de una pieza de baile tan exquisita, deseo seguir girando como un trompo de mano en mano ante el intercambio ¡fuera demonio! ¡déjame seguir disfrutando!, ¡Que despiertes te digo!, tomaré mi tiempo esto está muy bueno, no hay demonio que pueda arrebatarme este azote de baldosa, parezco toda una señorita bailando somebody loves me de Marion Harrys, acaso es una fiesta en la cual busco a mi futuro marido, ¡despierta! Dijo el demonio nuevamente. Ya estoy despierta y recreando esta época de 1924, anda ven a bailar conmigo cosa rara de tinieblas desconocidas, deja que sea yo quien te posea y tomate un descanso de tan arduo papel cansadizo, mira que el megáfono tiene melodías maravillosas, ¡Que despiertes coño!, dijo mi esposo furioso y aturdido por mi despertador, ¡Gracias gordo!, le contesté tras darle un tierno beso de buenos días y con un mareo después de dar tantas vueltas en mi cabeza, que sueño tan rico, pero me dejó más resacosa que la fiesta del día anterior.  

Ahora estoy en el trabajo, una mirada a las vidas normales, son puritanos o pecadores, ¿quién soy? ¿Soy Mariasa? ¿Es esto pecar?  

Ante la llegada de Matthias Gröber, que debo admitir que me interesa más bien poco sí está en el sitio o no, me siento llena de nuevas vibraciones, Mariasa, ha llegado Herr Gröber, ¡Despierta! ¡llegó tu cliente!, repitió mi compañera esperando que lo atendiese como un rayo y pusiese su castigado pelo en orden, Lo siento Klarina estaba pensando en la fiesta de anoche. Le dejaré el pelo a Herr Gröber tal y como lo lucia aquel buen mozo que me sacó a bailar en mi sueño en 1924. 

480 minutos en este salón de mier**, digo de belleza, persona por aquí persona por allá, todas han salido, entonces, con otro aspecto; estoy destrozada y deseo dejar allí todo cometido laboral tras salir por la puerta camino a mi casa. Tengo mi corazón en los dedos de mis pies, he aquí a la señorita bailarina de 1924 y a la señora bailadora del 2021. Cama ven a mí, dame descanso antes de volver a visitar un club swinger, esta vez será en un país de ambiente exótico y lujo exuberante, Mariasa debemos empacar las maletas, salimos a las 7:00 a.m. hacia el aeropuerto y estaremos llegando a Dubái en la noche, dijo mi esposo muy serio pensando que su voz con ímpetu me haría actuar de mejor gana. 

Cerca de 4840 Kilómetros nos separaron de Europa, me hubiera gustado ver con mis propios ojos la estela que el avión dejaba a su paso durante aquellas seis horas de vuelo. Imposible dormir en el avión, pero imposible recostar la cabeza sin terminar soltando un minuto de babas alucinando tener diecisiete años en 1924, que bailoteo, que rebeldía en medio de melodías a megáfono. Que retorcijón en mi cabeza.  

El aire sacudía muy poco la atmosfera a nuestra llegada a Dubái, el agitante calor cocinaba nuestras siluetas, y escapando de la distorsión que producen tantos grados de temperatura, nos zambullimos dentro del Address Sky View Hotel, modernidad y crema fundida. Ride it sonaba de fondo en la recepción del hotel, mientras mi marido y yo nos deshacíamos de las gafas para atender al registro. Tomaron nuestro equipaje y en unos instantes estuvimos en nuestra habitación, a la cual acudiríamos más bien poco.  

Una vuelta por las Islas Palm, arquitectura artificial humana que algunos acusan de destruir el ecosistema y que más sin embargo todos aclaman en Instagram como artilugio de la espléndida vida y triunfo. Filma las bellezas de la vista admirada, fincas privadas en las palmas y la exclusividad, parque acuático de primera clase, todo tan surrealista, hoteles imposibles y residentes de dólar estampado. Subimos en el girocoptero y captamos como águilas todo cuanto se veía, luego nos daríamos encuentro en un selectivo club de las islas, al cual llegamos en yate, para almorzar.  

—Gordo te veo negro —sonreí al verlo complacido. 

—¿Y tú estás muy blanca? —fue retorico aun sabiendo que mi piel canela lo vuelve loco.  

—¿Te gusta esto?  

—No tanto como perderme entre tu ser. —Con su respuesta partió mi cansancio—. ¿Y a ti? 

—¿Y a mí?, a mi desde el principio de nuestra relación me ha bastado con estar a tu lado. —Recordé como me enamoró con aquella mirada, en aquel momento en que limpió una mancha de ron sobre mi vaquero, ambos éramos camareros en Andalucía por aquel entonces, y tras cada jornada laboral de horas quebrantables, el cansancio no nos impedía disfrutar el uno del otro.  

Al día siguiente mi esposo me toma del brazo en el desayuno y me pregunta que me pasa, le comenté que estaba incomoda y deseaba irme del restaurante porque había un chico que estaba observándome con anhelo, estaba en mi Instagram y hacía días no me saludaba, el mundo es un pañuelo; mi marido no accedió a abandonar el sitio; por tanto, fui una buena esposa, y sin contemplar otra alternativa acompañé a mi terroncito de azúcar mientras terminaba su delicioso desayuno, ¿cuántas cosas más iba a poner en su plato?, en casa no come igual, yo deseando irme y el volvía y se levantaba a por otro PLATITO. Así que Mariasa pretendió que aquel individuo atisbador no estaba allí, pero sus ojos estaban quemándome la estampa. 

“Hola soy Fayes, acabo de ver tus historias en Instagram y he podido confirmar que eres tú, estamos en el mismo hotel”   le mostré a mi esposo aquel mensaje y ambos decidimos ignorar la situación. No obstante, Fayes fue insistente y siguió bajando a desayunar a la misma hora que mi marido y yo, su mirada seguía ardiendo sobre mi cuerpo, admito que a la vez me molestaba, bueno… ¡un poco!   

El día de las infracciones entre parejas, ya has llegado. Gasolina para el cuerpo, son las seis y treinta de la tarde. ¡Atención!, agilicen los movimientos que llegamos tarde. Preparación: gel de ducha perfumado, crema con feromonas y un ligero toque a canela, la bisutería negra para matar sin armamento y los toques necesarios de una colonia especial para la ocasión, sé que la competencia entre nosotras las mujeres es ardua y aunque la detesto no puedo pasar desapercibida. Falda de cuero, ceñida a mi figura, a conjunto con una blusa negra transparente con volantes en los hombros y de manga larga, mis tacones captaban lo que a mi mirada se le perdía y el metal de su aguja me concedería pasos decididos en el sitio, todo muy superficial ¿verdad?, cada uno sabe a lo que va ¡supongo!, y si no, dale un repaso a tu vida.  

Los celos no deben abarcar ningún espacio en mi relación, pero cuando me cercioré en el espejo de que mi maquillaje estuviese perfecto, vi a mi marido con aquel traje negro de corbata y puños de camisilla blanca y sentí que algo me destrozaría por dentro de tan solo saberlo con otra entre sus piernas. La base que no compone es sólida, con estructuras firmes, por lo cual deje los celos nuevamente a un lado y le di un beso.  

La famosa torre Burj Khalifa, la más alta del mundo posaba su sombra sobre mí, la contemplé insignificante y a la vez grandiosa ante la arquitectura que compone los cuerpos. Tragué saliva cuando la torre cobró vida con su función de luces y música.  

—Hola me llamo Agnes, y mi chico se llama Adolphe —Aquella mujer caucásica no iba más que cubierta por unas tangas y un provocativo sujetador según la vista de mi marido. Su esposo o acompañante, caucásico también, lucía un cuerpo cubierto de fibras, o más bien cubierto por un traje de corbata, lo de las fibras lo vería yo más tardes con estos ojos perversos. Ambos enmascarados de color oro. Parpadeaba ansiosa ya que quería conocer el sitio.  

—Encantada yo soy Mariasa —respondí con mi encanto latino.  

—Y yo Damián —dijo mi marido con sonrisa nerviosa.  

—Entrad, os enseñaremos el lugar. —La presencia de aquella pareja dominaba aquel club como si fuesen los propietarios.  

Nos mostraron el lugar, era precioso. 

Podíamos seleccionar a quien quisiéramos, todas las miradas estaban puestas en nosotros. Deseé estar con aquel chico moreno de ojos verdes y cabello negro azabache, al cual solo le miraba fijamente; por desgracia un hombre de 1.84 de estatura, y según los rumores con toque de midas en los negocios y en la cama, cosa que a mí en realidad no me importaba, se puso delante de mí vista tapando a mi moreno, Hola me llamo Andreu ¿y tú?, Encantada, me llamo Mariasa y mi marido Damián, sonreí sin interés al contestar mi mentón estaba firme mientras yo analizaba el lugar, Os presento a mi mujer Adela, dijo Andreu, ¡Encantados!, dijimos mi marido y yo en coro, seguía sin tener interés. La pareja estuvo hablando con nosotros unos 30 minutos de cosas sin elocuencia y que me distrajeron de empezar antes con mi cometido. Pude notar que la edad fue cruel con Andreu; sin embargo, su mujer poseía una sensualidad aun latente, así que quizás daban juego y deseé verla mordiendo los labios de mi marido… Cedí a estar con Andreu solo por el placer de que Adela hiciese disfrutar a mi marido; pero… ¿un momento? Ella lanzó sus manos para alcanzarme, mientras estaba con mi marido y yo con el suyo. Jamás… jamás había experimentado el mismo sexo, y esas malditas copas que bebí como ansiosa en la prohibida ciudad del alcohol surtieron su efecto ante el sonido del megáfono de 1924, la modernidad era ajena y a la vez vidente. Risas de juventud, nuevamente como de 17 y la mujer de Andreu me tocó… tampoco podía hacer mucho ¿Qué abusiva ella verdad?, me dejé llevar mientras la música sonaba de fondo, me besó aún más y más y todos y todas reclamaron estar a mi lado… el sudor brillaba como escarcha, los perfumes dieron paso a una fragancia carnal de fluidos bramantes. Aquel pulcro cuarto nos deshidrató por completo.  

Me levanté asfixiada ¡suficiente! No más provecho sobre mi cuerpo ardiente, así que le brinde mi mano a Damián para dirigirlo al yacusi. Detrás de él se vino Andreu y su mujer y unas cuantas parejas más, destapé un champan avistada por la perversión y serví copas para todos. Giré la botella vacía con mis manos, para no desperdiciarla, y les pregunté si querían jugar, absolutamente todos dieron su visto bueno. Pusimos penitencias: hombres besaron hombres, mujeres besaron mujeres, las risas nos atraparon, algunas terminaron atadas con una técnica llamada bondage, otras u otros se dieron al azote del spanking, y he de creer que el resto es muy fuerte para relatarlo, otras cosas no las recuerdo y de lo que si tengo memoria es que algunos estaban dando rienda suelta a sus fetiches y terminaron explotando globos cuerpo contra cuerpo ¿podéis creerlo? finalmente terminamos entremezclados.  

No encontré mis bragas por ninguna parte al terminar la faena, quería ir a comer y no me quedó más remedio que dármelas de modelo sin bragas, seguro que, a Victoria Beckham, a Paris Hilton, a Britney, ser persona no implica no perder los papeles de cuando en cuando. Debíamos bajar pronto al buffet para llenar nuestros estómagos. Damián me preguntó si me sentía bien, él se preocupaba bastante por mí y lógicamente yo le dije que estaba mejor que nunca, aunque… ¡sin bragas! Y el soltó una carcajada… minutos más tarde llegaba nuestro amigo el peli rojo, lo avistamos batiendo algo en el aire con su mano derecha, eran mis tangas… todos reímos y después continuamos hablando un rato, como gente del primer mundo que jamás se prestaría para una juerga tan… rocambolesca. 

Nos despedimos, por supuesto, no sin primero prometer volver a vernos en Alemania, en Leipzig, allí asistirían unas cuantas personas de aquella noche y un selecto grupo de personas cuyas identidades no puedo mencionar. No obstante, puedo camuflarlo todo, aquella fiesta en Alemania sería llevada a cabo por nuestro amigo coreano Vu ¡vaya nombre!, parece que ya me estoy asustando. Esto prometía bastante.  

La belleza del conocimiento de nuestro propio ser, tanto en soledad como en pareja primordialmente, es de lo más maravilloso que puede existir. Saber que aquella alma que te complementa puede disfrutar de sus tentaciones y deseos, quizás anteriormente reprimidos, te llena de vigorosidad al no estar siendo engañados. La libertad de poder disfrutar de quien observo con mis ojos, antes de llegar a una tardía edad y reflejarme en el espejo enclenque y artrítica y de fondo mi marido con un bastón me hace recuperar la esperanza en este siglo en el cual muchas personas de las décadas de los 90´s miran atrás anhelando haber experimentado la propia vida al son del megáfono, sin ser recriminados, tras terminar de zapatear en la pista de baile. En aquellas épocas nada era tan nítido como ahora, los demonios merodeaban despertando a los soñadores, impidiéndoles abandonar la palabra señorito o señorita en los clubes sociales, así que el temor de ser juzgado por un acto impuro cohibía a las personas de efectuar su pasión terrenal. Se ha hecho mucho para llegar aquí, para que podamos vivir esto, para más que contemplar esta liberación VIVIRLA. Podría fundirme como la crema en diversos cuerpos, pero solo podría morir en el tuyo vida mía.  

Meine Gefühle

Um ein Leben nach gesellschaftlichen Erwartungen zu führen, man braucht es zu viel Mut, den gleichen Mut, das zu tun, was man inbrünstig empfindet. Diesen Mut, den man so dringend braucht, um die Schreie eurer sinnlichen Wünsche zu entfesseln.  

¿Tauche mich in tiefes Wasser ein?, ¿ich?, Als ich Kind war, hatte ich Angst davor. Pfütze,  Ozean oder Lagune. Unerforschte Gewässer hetzen meine Ängste. Als Thalassophobie wird die starke und anhaltende Angst vor dem offenen Meer bezeichnet. Betroffene fürchten sich vor den Ungewissheiten und möglichen Bedrohungen des Ozeans.  

Genau es war, was ich immer hatte. Wenn ich nicht durch das Wasser sehen könnte, gut durch das dunkle Wasser sehen. Meine größte Kälte war es, auf den Felsboden zu gelangen, wo der Boden beginnt und wo er endet, welche seltsame Kreatur ihr Land beherbergen und es wagen, meine Füße anzugreifen.  

August 2012 

Meine Thalassophobie endete sich einem Morgen, als die Sonne nichts von Freundschaften wusste. Mein Freund lud mich in einem Lagune in Portugal ein. Die Lagune heißt “El Pego do Inferno”. Sie war so schön, ich kann schwören, dass die Natur in ihrer Entstehung kapriziös war. Wasserfall gießt wasserförmige Diamanten und das gigantischste Juwel der Welt sich angesichts des verwirrten Anblicks von Sündern und Heiligen auf zwei Beinen auflöst. Wer würde sagen, dass ich dort die Gefahr aufregen würde, indem ich diesen Felsen so hoch ziehen wollte. 

ich hatte den Wunsch in meinem Kopf und Höschen, die morbiden Blicke applaudierten mir mit ihren Händen, um meine Wut zu fördern Es gab keinen anderen Möglichkeit, ich musste mich werfen.  

Ich warf mich trotz der Widerstände meines Magens. Ich musste ihn einsperren und mir beweisen, dass ich es konnte. Mein Kopf tauchte in das gigantische verdünnte Juwel ein, aber ich wollte nicht auf den Boden schlagen. Ich wusste nicht, ob das überhaupt möglich war, also eilte ich hinaus, um die Sünder und Heiligen wieder zu sehen. Deswegen haben  sie applaudierten viel lauter, als sie mich sahen.  

Ab diesem Moment der Tapferkeit entdeckte ich, dass ich die Wünsche entfesseln konnte,  die mich im Inneren verbrannten Also musste ich anfangen um sie zu erfüllen. 

-Februar 2015 

 Angesichts der folgenden, die ich schreiben werde, kann ich nur warnen: Ich will keinen Herzinfarkt, vielleicht ein intensives Fieber irgendwo in Ihrem Körper. Beachten Sie einfach.  Ohne mehr zu sagen, ich schreibe weiter. 

Auf der Suche nach unserer Wollust reisten wir nach Birmingham, eine englische Stadt. Um Zugang zu einer Ort zu haben, die nicht von Heiligen frequentiert wird und nicht für gewöhnliche Menschen oder einen Status geeignet ist. Wir waren bereit, dieses Hotel zu erleben, zurückgehen? Auf gar keinen Fall! 

Voraussetzung: Sicherheitskode. Vor drei Tagen per Brief verschickt und leise verpackt. Alle Daten müssten heimlich behandelt werden. Es war daher nicht notwendig, Identitäten preiszugeben oder wohin wir gehen wollten. Ein Rezeptionist, der sich von Stille umgeben war, überprüfte unsere Daten. Wir sind angespannt, die Rezeptionistin schaut uns wieder an- Ich schluck Speichel und ich höre mein Herz schlagen, dieser Blick zwischen Gesichtsrissen macht mich nervös.  

Er brachte uns mit dem Gastgeber in Kontakt. In diesem Moment spüre ich einen Arm auf meiner Schulter — Hallo, ich bin Andrew, begeistert! Schön, dich zu treffen, aber wenn du mich erschreckst, scheinst du wenigstens nett, dachte ich. Wie geht es Euch? Fragte er.  “Hallo, sehr erfreut! mein Name ist Mariasa und er ist mein Mann Damian. “Ich freue mich, Euch heute auf der Party zu haben und Eure Anwesenheit zu genießen” sagte Andrew. Kommt Euch herein, ich zeige unsere Einrichtungen. Die Nacht verspricht auf jeden Fall viel. 

Jetzt sind wir im ersten Stock, hier haben wir: die Disco, die Bar, das Buffet, der Raucherbereich und schließlich dieses schöne Grundstück, wo man tanzen gehen. Oder einfach nur einen angenehmen Plausch mit anderen Personen haben kann, während man einen Drink trinkt. Mit “den anderen”  begriff ich, dass sich auf die Sündigen bezog.  

Kommen wir weiter in den zweiten Stock. Andrew fuhr fort, uns vorzustellen. Darin sind: die Räume, in denen die Feierlichkeiten mit anderen Paaren stattfinden, deren letzter Zweck die genießen ist.  

Andrew sah schelmenhaft uns an. Ohh mein Gott! Sein Gesicht sauber und tadellos, war er auch ein Sünder? Ein Moment, Ungezwungenheit sagte? 

Ich mit meinem Rock und meinem Geldbeutel, als ob ich mehr die Absicht hätte, durch Frankreich zu gehen und vor der Gesellschaft zu verlaufen, konnte ich nicht anders, als mich zwischen ihrem Gesicht und diesem Wort verwirrt zu fühlen, als Lexikon, das Thesitura. Der Gastgeber brach das Schweigen mit seiner Vorsicht, indem er sagte: Für diese Art von Partys sind wir eifersüchtig vorsichtig, wir berücksichtigen jedes Detail und die Bedürfnisse der Teilnehmer, in der gleichen Weise, wie Ihre Daten privat und vertraulich behandelt werden, wird nichts diese Wände verlassen. Ich bin fassungslos, aber ohne meinen Mund zu öffnen, ratlos, aber ohne zu sein, rührt sich mein Atem und eine Hitze läuft durch meine Eingeweide. Es ist wahr, Andrew, er gab mir den Champagner, erinnerte ich mich, vielleicht ist es in dieser Art von Moment zu trinken, während wir Lust in taktiler Form visualisieren. Ich muss einen Schluck und dann einen anderen zu meinem leichten Champagner nehmen, oder ich werde nicht in der Lage sein, zu assimilieren, wie viel meine Augen sehen, während ich meine fadenscheinigen Schritte mache. 

Gehen wir nun diesen Gang mit blauen Lichtern im Hintergrund, sagte er. Der Weg war sehr angenehm für Sichtbarkeit und Angsthemmer. Lavendel, Bergamotte und Ylang & Ylang, Gerüche, die meinen Geruch durchdringen, erkenne ich sie. 

Lassen Sie uns fortfahren, bitte! 

Mein Mann ist animiert; Auf der anderen Seite bin ich unbemerkt von einer solchen Entdeckung. Wie weit wird uns der Flur bringen?… Ein kleiner Swimmingpool, ein Jacuzzi und eine Sauna. Letzteres erregte meine Aufmerksamkeit, befand sich direkt in der Ecke des Raumes, wo wir uns trafen, seine Kristalle weinten morbide.  

Dekoration gefangen von meinem aufmerksamen und ängstlichen Blick auf Details: Orange Handtücher als Spa, mehr blaue Lichter, um den Ozean zu nachbilden, Felsen in der Wand eingebettet schreien den Schmerz und Geheimnis. Es gab einen geruchsschreienden Perversion, die Farbe war leidenschaftlich und er schnitt seinen Atem ab.  

Es gab Getränke und mehr Getränke, einige brauchten sie, um zu beleben, und andere, um nach dem Staub, in dem ihr Körper enden würde, wieder Erleichterung zu finden.  

Toilettenzubehör: Shampoo, Deodorant, Haarcreme, Parfüm, Gesichtscremes und alles, was Sie brauchen, um dort angeblich, heilig und würdig der kritischsten Gesellschaft unserer Zeit, etc. zu bekommen.  

Meine lockigen Wimpern, hohe Optik, hydratisierte Lippen und unglaubliche Lust zu versuchen, SIE SIND IN EINEM DER MEHR EXKLUSIVE SWINGER CLUBS IN ENGLAND. Andrew erhob seine Stimme, indem er diese letzten Worte sagte, während wir alle vor ihm versammelt waren, um zuzuschauen und zuzuhören. Er beherbergte sein Glas und wir alle imitierten ihn aufgeregt, indem wir unseren ersten Prost machten, ein nebelförmiger Rauch kam vom Boden und an den Wänden, um uns willkommen zu heißen. Der Platz hatte uns schon erwischt.  

30. Januar 2021 

Hier ist deine kleine Maus, das du als normal und klassisch trägst, die Frau, die ihre Tasche mit ihrer Literatur trägt, arbeitet darin, diejenige, die ihren Wein trinkt, während sie ihre Blogs bearbeitet und eine klassische Frau ist. Ich lächele, wenn du mich eine kleine Maus nennst, das mich also an Erfahrung gewinnen könnte. Ich scheine zerbrechlich und gefügig, aber rücksichtslos, riskant. Meine Umgebung, wie kann ich euch sagen, wenn eure offenen Geister noch nicht befreit sind, weder von Heiligkeit noch von Sünde.  

Ich nehme einen Schluck von meinem Glas Rotwein, während ich mich daran erinnere, wie eines Tages jemand zu mir sagte: “Du bist wie ein Kinder Ei, du weißt nie, welche Überraschung du hineinbringst.”  

Wenn ich die Maske abnahm, die mich in einer Gesellschaft bedeckt, von Heiligen, Sündern und sogar Nagetieren, warum nicht, gestehe ich, dass mein erstes Spiel mit zwei Fragen beginnt, die mir 18 Jahre später gestellt wurden und die ich Jahre später stellen konnte.  

  1.  “Was willst du und was kannst du nicht?”  
  1. Du willst heute bei allen dreien sein?”  

Die erste Frage, schafft in mir einen Weg der Begierde seitdem. Ich wusste zu viel, dass es mit der Zeit wahr werden würde. Die zweite Frage war eine ausgestreckte und verlockende Hand, um den Schritt weiter zu kommen, um den Apfel zu beißen. Ich wusste nicht, ob mir so gut schmecken würde. 

Birmingham Februar 2015 

Ein Mann nähert sich, er will ein Gespräch mit uns haben. Er hat eine gute Aussieht und eine Hautfarbe, dass die Adrenalin ähnelt. Sein Akzent ist ungewiss, also frage ich ihn, woher er kommt. Er antwortete, er sei Kubaner. Also übernahmen wir die Aufgabe, in unserer Spanische Sprache zu sprechen… Ich fühlte mich einzigartig neben zwei sexy Männern. 

Sie waren meine, war es wirklich so oder es war nur eine Lüge, wer es weißt. Ich konnte sie zu der Zeit besitzen; aber die Nerven zu wissen, dass ich dem Moment nicht ausweichen würde, ohne sie zu erleben, thronten auf meinem Magen wie an jenem Tag, als ich mich frontal in das verdünnte Juwel warf. Ich lächelte, ich schwieg, ich trank aus meinem Glas, ich war trotzig und mein System beschleunigte jedes Mal, wenn die Minuten vergingen und wir wurden zuversichtlicher. 

Minuten später traf ich mit der zwei Jungs in einem der Zimmer. Dieses Paar Wagemut zögerte nicht, mir das auszuziehen, was übrig Kleidung noch geblieben war. Ich warf seine Kleider überall weg. Wir waren in die extreme Erregung von Fleisch eingetaucht, als Endorphin, Dopamin und Serotonin im Raum flatterten und unsere verschwitzten Körper trafen. Unvorhergesehen war das Zimmer der Menschen gefüllt. Streicheln, Küsse, Hände. Ich hatte das Gefühl, dass mein Körper anfing zu tasten und das hat mich immer mehr aufgeregt, wer ist einer, der sich selbst eindämmt? Der Geruch von Sex flog verdünnt in der Luft sauerstoffhaltige die Vertrauten, die so ein riesiges Geheimnis in einer so schönen Nacht halten würde… 

Fragen, Gefühle, am nächsten Tag drehte sich alles in meinem Kopf. Wer könnte ich sagen, was passiert ist, dann… Niemand! Aber sind Sie bereit, mehr zu wissen?…  

Es dauerte eine Weile, bis ich entdeckte, dass ich keine Angst hatte, mich in tiefe, unbekannte Gewässer zu werfen. Ich fand heraus, dass er mir nicht vertraute, geschweige denn dem Unbekannten. Da ich aus meiner Komfortzone heraus war, destabilisierte mich sehr abrupt. Ich gab mir die Erlaubnis, mich selbst kennen zu lernen und ließ mich selbst wissen. So sehr, dass die Freuden des Lebens nicht das sind, was ich dachte und mir vorstellte… Freuden sind viel bessere Dinge und es ist besser, sie zu leben, so viel wie es wagen, Ihre eigenen Barrieren zu brechen, egal was die ganze Galaxie sagt.  Ich bin hier und mache meine Spuren in dieser Welt der eisigen Köpfe. 

MIS DESEOS…

Para llevar una vida de acuerdo con las expectativas sociales, se necesita demasiado valor, el mismo valor para realizar aquello que fervientemente sientes, ese valor que necesitas tan desesperadamente para dar rienda suelta a los gritos de tus deseos más oscuros.  

¿Zambullirme en un charco?, ¿yo?, Desde mi infancia tenía miedo a ello. Charco, océano o laguna, las aguas desconocidas apuran nuestros miedos. La talasofobia se describe como el miedo a inmensas masas de agua. Tal y como el que yo siempre tuve al no pensarme capaz de ver el mundo real a través del agua, ver bien a través del agua oscura; mi mayor escalofrío era llegar a tocar fondo, dónde empieza el fondo y donde termina, que criatura extraña albergan sus tierras y osarían atacar mis pies.  

agosto del 2012 

Mi talasofobia terminaría una mañana en la que el sol no conocía de amistades. Mi novio me invitó a una laguna llamada El Pego do Inferno, ubicada en Portugal. Era tan hermosa, que puedo jurar que la naturaleza fue caprichosa en su creación, cascada vertiendo diamantes en forma de agua y la gema más gigantesca del mundo disuelta ante la perpleja vista de pecadores y santos erguidos a dos patas. Quién diría que allí agitaría al peligro al querer tirarme de aquella peña tan alta, tenía el deseo en la mente y en las bragas, las miradas llenas de morbo me aplaudirían con sus manos para alentar mi furor, no había de otra, tenía que lanzarme. Me lancé pese a la oposición de mi estómago, debía callarlo, y demostrarme que podía. Mi cabeza se zambulló en la gigantesca gema diluida, pero no quería tocar fondo, no sabía si tan siquiera ello era posible, así que me apresuré a salir para ver a los pecadores y santos una vez más, y ellos, aplaudieron mucho más fuerte al verme. A partir de ese momento de valentía, descubrí que podía desatar los deseos que me quemaban por dentro, debía, pues, empezar a cumplirlos. 

febrero del 2015 

 Ante lo siguiente que voy a decir, solo me queda advertir: no quiero un paro al corazón, quizás una subida de tensión o una fiebre intensa en algún lugar de vuestro cuerpo. Sin más que advertir prosigo

Buscando saciar nuestra lujuria, viajamos a Birmingham, una ciudad inglesa. Para acceder a un sitio no frecuentado por santos y no apto para gente corriente o de cualquier estatus. Estábamos dispuestos a experimentar aquel hotel, ¿volver a atrás?, ¡ni hablar!  

Cómo requisito: código de acceso, enviado tres días atrás por correspondencia y empacado de forma discreta. Cualquier dato habría de ser manejado secretamente. No era pues menester revelar identidades ni a dónde queríamos dirigirnos. Un recepcionista arropado por el silencio verificó nuestros datos. Estamos tensos, el recepcionista sigue mirándonos, trago saliva sin sabor y escucho mi corazón latir, esa mirada entre grietas faciales me pone nerviosa. Nos puso en contacto con el anfitrión. En ese momento siento un brazo en mi hombro — Hola soy Andrew, ¡encantado! ¿Encantado?, pero si me ha asustado, al menos parece simpático, pensé. ¿y vosotros? Preguntó él, —Hola, encantada, mi nombre es Mariasa y mi marido Damian. —Una alegría tenerlos hoy en la fiesta y disfrutar de vuestra presencia. Pasad, os enseñaré nuestras instalaciones. Aquello prometía.  

Ahora estamos en la primera planta, aquí tenemos: la discoteca, la zona del bar, el buffet, la zona de fumadores y por último este precioso solar donde podéis salir a bailar o simplemente tener una charla amena, con los demás, mientras tomáis una copa. Con “los demás” atendí que se refería a los pecadores. Pasemos a la segunda planta, continuó Andrew introduciéndonos. En esta se encuentran: las habitaciones en las cuales toman lugar las fiestas con otras parejas, cuyo propósito final es el desparpajo. Andrew nos miró, lucía picaresco, ¡Dios mío!, su rostro terso e impecable, ¿era él también un pecador? Un momento, ¿desparpajo dijo? Yo con mi falda y mi bolso, como si tuviese más intensión de caminar por Francia y parecer recatada ante la sociedad, no pude evitar sentirme confundida entre su cara y aquella palabra, que léxico, que tesitura. El anfitrión rompió el silencio con su precaución diciendo: Para este tipo de fiestas somos celosamente cautelosos, tenemos en cuenta cada detalle y necesidad de los asistentes, de igual forma vuestros datos se manejarán de manera privada y confidencial, nada saldrá de estas paredes. Estoy boquiabierta, pero sin abrir mi boca, perpleja, pero sin estarlo, la respiración se me agita y un calor me recorre las entrañas. ¡Es verdad!, Andrew, me ha dado el champan, recordé, quizás es para beber en este tipo de momentos, mientras visualizamos la lujuria en forma táctil. Tengo que dar un sorbo y luego otro, a mi champan claro, o no podre asimilar cuanta cosa ven mis ojos mientras doy mis pasos endebles. 

Ahora entremos por este pasillo con luces azules, dijo él, muy amenas para la visibilidad, e inhibidoras del miedo. Lavanda, bergamote e ylang & ylang, olores que impregnan mi olfato, los reconozco. 

Sigamos adelante ¡por favor! 

 Mi marido está animado; yo por el contrario estoy inadvertida ante tanto descubrimiento. ¿Hasta dónde nos llevará el pasillo?… Una pequeña piscina, un jacuzzi y un sauna. Este último despertó mi atención, estaba situado justo en la esquina del cuarto donde nos encontrábamos, sus cristales clamaban morbo.  

Decoración captada por mi vista atenta y ansiosa de detalles: toallas de color naranja a modo spa, más luces azules para imitar el océano, rocas incrustadas en la pared gritando dolor y misterio. Había un olor que gritaba perversión, el color era pasional y cortaba la respiración. Había copas y bebidas, algunos las necesitarían para avivarse y otros para recuperar el alivio después de la polvareda en la que terminarían sus cuerpos.  

Implementos de aseo: Shampoo, desodorante, crema para el cabello, perfume, cremas para la cara y todo lo necesario para salir de allí nuevamente reputada, santa y digna de la sociedad más crítica de nuestros tiempos, etc.  

Mis pestañas rizadas, mirada alzada, labios hidratados e increíble deseo de probar, ESTÁIS ENTONCES EN UNO DE LOS CLUB SWINGER MÁS EXCLUSIVOS DE INGLATERRA. Andrew alzó la voz diciendo estas últimas palabras mientras todos estábamos congregados enfrente de él observando y escuchando. Él anfitrión alzo su copa y todos lo imitamos emocionados haciendo nuestro primer brindis, un humo en forma de neblina salió del suelo y las paredes para darnos la bienvenida. El lugar ya nos había atrapado.  

30 de enero del 2021 

Aquí está vuestro cachito de pan, la que viste de normal y clásica, la mujer que carga su bolsa con sus obras de literatura en ella, la que bebe su vino mientras edita sus blogs y es esposa. Sonrío cuando me llamáis cachito de pan, quién podría pues ganarme en experiencia. Parezco frágil y dócil, pero temeraria, arriesgada. ¿Mi entorno?, ¿cómo contarles?, si sus mentes abiertas aún no están liberadas, ni de la santidad ni del pecado.  

Doy un sorbo a mi copa de vino rojo mientras recuerdo como un día alguien me dijo “eres como un huevo Kínder, nunca se sabe que sorpresa traes por dentro”.  

Quitándome la máscara que me cubre en una sociedad, de santos, pecadores e incluso roedores por qué no, confieso que mi primer juego empieza con dos preguntas que me hicieron a los 18 años y que podría realizar años más tarde.  

  1.  “¿qué es lo que deseas y no puedes hacer?”.  
  1. ¿quieres estar con los tres hoy?”.  

La primera pregunta, crea en mi un camino de deseos desde aquel entonces. Sabía de más, que con el pasar del tiempo se haría realidad. La segunda pregunta, fue una mano extendida y tentadora para dar el paso a morder la manzana. No sabía si sabría tan bien. 

Birmingham febrero del 2015 

Un hombre se acerca, él quiere entablar conversación conmigo. Tiene buen porte y un color de piel que se asemeja a la adrenalina. Su acento es incierto, así que le pregunto de dónde venía. Me respondió que era cubano. Así que nos dimos a la tarea de hablar en nuestro idioma… Me sentí única al lado de dos hombres de escándalo, eran míos, ¿verdad o mentira?, eso que importa, podría poseerles en el momento; pero los nervios de saber que no evadiría el momento sin experimentarlos se posaron en mi estomago como aquel día en que me lancé de cabeza en la gema diluida… sonreí, guardé silencio, bebí de mi copa, resulté desafiante y mi sistema se aceleró cada que pasaban los minutos y nos hacíamos de más confianza. 

Minutos más tarde me encontraba con otros dos chicos en una de las habitaciones. Ese par de atrevidos no dudaron en despojarme de lo que sobraba, o más bien de lo que estorbaba. Yo tiré sus ropas por doquier. Estábamos sumergidos en la excitación extrema de las carnes, al paso que la endorfina, dopamina y serotonina revoloteaban en el cuarto golpeando nuestros sudorosos cuerpos. De imprevisto se llenó el cuarto de gente. Caricias, besos, manos. Sentí como mi cuerpo empezaba a ser manoseado y aquello me excitó cada vez más, ¿quién es uno para contenerse? El olor a sexo voló diluido en el aire oxigenando a los confidentes que tan enorme secreto habrían de guardar en una noche tan hermosa… 

¿Preguntas, sentimientos?, al día siguiente todo giraba en mi cabeza. ¿A quién le podría contar lo sucedido?, ¡pues… a nadie! Pero vosotros ¿estáis preparados para saber más?…  

Tardé en descubrir que yo no tenía miedo en lanzarme en aguas profundas y desconocidas. Descubrí que no confiaba en mí y mucho menos en lo desconocido. Por lo cual estar fuera de mi zona de confort me desestabilizaba muy abruptamente. Me entregué el permiso a conocerme a mí misma y dejarme conocer. Es tanto así, que los placeres de la vida no son los que yo pensaba e imaginaba… los placeres son cosas mucho mejores y es mejor vivirlos, tanto como atreverse a romper tus propias barreras, sin importar lo que diga la galaxia entera.  Estoy aquí dejando huella en este mundo de mentes gélidas. 

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